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02/02/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
Derecho a una licuadora digna

¡Mi derecho a una licuadora digna!

Bien es sabido la necesidad e incluso el derecho que tenemos todos los seres humanos a ser alimentados de forma correcta y adecuada para el mantenimiento de nuestra salud. Lamentablemente ello implica el consumo de vegetales de distinta índole y de sabores imposibles que algunos llegan a considerar sabrosos (para los dos o tres que me lean, sabrán que me refiero al brócoli, la col de bruselas y la alcachofa). Otro requerimiento de una dieta sana es la fruta, pero como yo, ustedes también pensarán que es una pesadez consumir la fruta así en plan natural, pelándola y masticándola. Nuestra solución para hacer caso a la ministra de una vida sana es la licuadora. Si, ésta nos va a eliminar parte de esa pulpa fibrosa que no nos gusta masticar, va a producir un jugo fresquito y lo podemos consumir sin ningún tipo de problema.

Bueno, sin ningún tipo de problema no, el problema es que yo no tengo licuadora por motivos varios que no pasaré a describir. Después de múltiples investigaciones he podido descubrir que un compañero mío, que debe ser un capitalista especulador de derechas (esto es sólo una sospecha), pues eso, el muy gañán tiene dos licuadoras. Para más inri de todo esto, una de ellas la tiene infrautilizada. Posiblemente ande conspirando alguna forma de hacer subir el valor de la misma para luego abusar de los pobres del mundo que no tenemos licuadora. He procurado solicitarle el uso de la licuadora y se ha negado en redondo. Alude, el muy elemento facineroso, que la licuadora la compró después de trabajar diez horas de reponedor en una gran superficie durante cuatro meses, ahorrando hasta la última peseta sin salir de fiesta durante todo ese tiempo, dejando incluso de comprar el periódico. Para colmo, el tío va y me recuerda que yo en vez de salir tanto de fiesta y tantas amanecidas de picos pardos, podría haber trabajado, ahorrado y haberme comprado una. Vaya elemento está hecho mi amigo, le dala vuelta a la tortilla para hacer a los pobres del mundo responsables de nuestra incapacidad para comprar una licuadora.

Rápidamente, en mi club de antisistemas, que tenemos como fin el reparto justo de la riqueza, sobre todo de la riqueza de los demás, hemos estado tramando un plan que parece será exitoso a todas luces. Hemos pensado una acción para cuando mi amigo salga a trabajar. Como nosotros tenemos bastante tiempo libre (ninguno de nosotros trabaja, no queremos participar en esta sociedad capitalista que requiere pagos de seguridad social e impuestos, no señor), nos vamos a apostar a las puertas de su casa. Una vez marchado el individuo, entraríamos por la ventana, registraríamos la casa de arriba abajo y confiscaríamos alternativamente una de las licuadoras de mi amigo. Nos la pensamos llevar y además, como en este acto de justicia hemos participado varios amigos (Ayoze el de los tamborcillos étnicos, Yoél el del diábolo y Kevin el de los mazos incandescentes), procederemos a repartirla semanalmente entre todos nosotros. La verdad es que durante mucho tiempo hemos pensado esta acción, pero temíamos que a la justicia le diera por actuar en la defensa de la seguridad jurídica de los ciudadanos. Hasta que llegó nuestro gran apoyo y que nos animó a ello…

Nuestro apoyo ha venido desde tierras catalanas, más específicamente desde Barcelona, de la Teniente de Alcalde Mayol… gracias a la ecoizquierdista, las cosas se van a poner en su sitio. La derecha vociferante y soliviantada intenta desacreditarla de su condición de persona de vida antisistema porque gana unos 100.000 € al año, viaja en coche oficial y tiene un chalet de desproporcionadas medidas en la mejor zona de la ciudad. Ella, como el Yoél, el Ayoze, el Kevin y yo, es una ciudadana antisistema de los pies a la cabeza. Ella no considerara delictiva nuestra acción. Nuestra acción está enmarcada dentro de la justicia general. Mi amigo tiene dos licuadoras… pues entonces, una para el pueblo (el pueblo somos el Yoél, el Ayoze, el Kevin y yo) y otra se la dejaremos porque somos muy respetuosos con la propiedad, pero que no se ponga muy protestón que se la confiscamos también.

Después de esta loable acción hemos cogido algunos dineros que hemos pedido a nuestros padres y hemos viajado a Barcelona. Queríamos comunicarle a nuestra compañera antisistema Mayol, que tal como ella defiende, hemos comenzado la revolución justiciera. Desafortunadamente no hemos podido contactar con la susodicha. Los guardias de seguridad no nos han dejado acceder a su propiedad, pero estamos seguros que ella no está al corriente de ello. Intentamos contactar con ella en el metro o en la guagua, pero nuestra compañera va en coche oficial, en fin, gajes del oficio. Finalmente fuimos a los restaurantes que ella suele utilizar, pero debido a las rastas de Ayoze no nos dejaron acceder. O sea, que no pudimos contactar con nuestra compañera antisistema, pero si hemos sentido cuando pasaba en coche oficial con lunas ahumadas como nos daba aliento y nos apoyaba. ¡Gracias compañera antisistema! Por fin tenemos la licuadora que otros compraron.

 

 

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