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11/01/2007 - Gonzalo Melián Marrero
CALLES, INMIGRACIÓN Y ESTADO

CALLES, INMIGRACIÓN Y ESTADO
Por Gonzalo Melián Marrero

La inmigración sigue siendo hoy en día un fracaso más del Estado del bienestar. Continúan llegando a las costas Canarias personas, en un deplorable estado o muertas, cuyo único delito ha sido cruzar una línea imaginaria trazada en un mapa en un intento legitimo de buscar una vida mejor.

El Estado se sigue empeñando en subsidiar, penalizar o usar la fuerza contra estas personas, eso sí, cada una de esas medidas se toman en función del número de votos que puedan obtener los políticos en cada momento. La única solución posible al problema de la inmigración originado por los Estados es la globalización. De esta forma, nos convertiríamos en una sociedad no intervenida en donde los bienes, el capital y las personas gozarían de libertad de movimientos de manera voluntaria y siempre respetando la propiedad privada.

¿Cómo conseguir esta sociedad con libertad de movimientos? La clave y solución esta en el respeto al derecho humano a la propiedad privada. Este derecho natural a la propiedad privada no existe en las calles de nuestras ciudades. En la actualidad, los mandatos coactivos legislativos en nuestras calles de dominio estatal, impiden que un inmigrante pueda ejercer su derecho humano a emigrar donde existen propietarios deseosos de alquilarle o venderle sus posesiones o simplemente contratar sus servicios.

Si por el contrario, las calles tuvieran unos derechos de propiedad privada bien definidos se resolvería por completo el problema de la inmigración originado por los Estados. De esta forma, las personas podrían desplazarse libremente por aquellas calles o tierras cuyos propietarios quisieran vender o alquilar.

Este cambio, no solamente permitiría la libre circulación por el territorio sino que además afectaría al transito diario de los ciudadanos por las calles de nuestras ciudades. De esta manera, se originarían nuevos y distintos flujos circulatorios que sin duda alguna, también, afectaría a la forma de nuestras ciudades y a su modo de coordinación, pasando de ciudades de orden construido a ciudades de orden espontáneo. El problema principal es que los enemigos de la libertad repulsan esta globalización porque nos llevaría a un progreso económico y social, con lo que, perderían el control de los individuos.





 

 

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