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11/01/2007 - José Ramón Arévalo Sierra
Las españoladas

Las españoladas
Recuerdo que era muy popular llamar a las películas españolas “españoladas”. Un término despectivo, aún en uso, pero que quería decir que te ibas a tragar alguna película casposa, con delirios de destape y comentarios sexistas que tan buena acogida tenían en los teleespectadores de la época. El toquito verde, algo de carnaza y comentarios e imitaciones de mariquitas era lo que nos llevaba al cine, pero sobre todo, y era lo que multiplicaba de forma dramática la audiencia de estas películas, era la falta de libertad para elegir otros productos. Se veía más cine español, pero claro, por obligación.
Yo creo que soy una persona bastante común, y por tanto me he erigido como vara de medir de los gustos del español medio. Así, yo como ustedes, si en los primeros cincos minutos de película no he visto una teta (supongo que para el caso de las mujeres sería un ancho pecho de varón depilado), una patada espectacular o un tiro, pues que quiere que les diga, me empiezo a aburrir, a mover mi trasero del asiento, a tirarle palomitas a la cabeza al que ande delante o a dormir plácidamente. Como el español medio no quiero que me atoren con complejas tramas esotéricas que me pierdo con mucha facilidad: acción y punto.
Cuando todos militabamos en las Juventudes Comunistas, no teníamos más remedio que tragarnos infumables cantautores (siendo Bustamante, el Fonsi y Camela lo que realmente nos gusta), películas de directores chinos o vietnamitas y aún peor, hacer como que nos interesaba. Pienso que he pagado mi dádiva, y ahora tengo perfecto derecho a exigir películas buenas, que me interesen y me entretengan.
La banda de las ministras de cuota, vuelven, como la dictadura del pasado a legislar en nuestras vidas y nuestros gustos. Las dichosas hamburguesas, el vino, el tabaco, y hasta pretenderán que coman brócoli y coles de bruselas. Empiezan a poner trabas ahora al visionado de películas extranjeras, de esas de Hollywood, que son las que nos gustan, y nos obligan a pagar más por ellas y por ende a subvencionar a las películas españolas.
Hoy las películas españolas no son casposas sexuales, sino casposas sociales y políticas
Muchas se han convertido en panfletos de izquierdas que lo que pretenden es transmitir un mensaje, no en entretenernos. No les importan los espectadores ni si se llenan las salas o no. Están subvencionadas, y como están subvencionadas, pues para que trabajar, para que agudizar el ingenio. Y como resultado, más dinero para el cine español, más huida de los espectadores hacia películas extranjeras, generando esa especie de un feed-back positivo que años tras años se repite, dando lugar a una correlación negativa espectadores-subvenciones.
Aparte de la falta de ideas, la tan ansiada teta (o pecho de varón, que no se me olvide), cual película casposa de los 60, es un tema recurrente, aunque parece metido tan a presión, y es tan predecible que le mata toda la erótica al mismo. Además, si le ponen el discursito pseudopolítico y social alrededor de la misma provocan menos la libido que yo con un tanga de leopardo.
Desaparecieron los directores de películas, estos se han convertido prácticamente en funcionarios para un gobierno que les va a dictar los guiones, o al menos así lo parece. El liberalismo económico no es un movimiento socioeconómico que ha dado lugar al actual estado del bienestar, si no un depredador de almas, de ilusiones, de solidaridad, de recursos, engrasado a la perfección con la sangre del trabajador… hay que transmitir el mensaje como sea, y claro, ese como sea (como ideario político usado por el Presidente) es como una campana de horror para el espectador, ávido de buenas historias, de un momento de relax, de llorar y de reír viendo una película que le envíe el mensaje de que la superación es posible. Mientras, en la españolada veremos como todos los males del personaje son achacables al gobierno por no dar más subvenciones (¿más aún?), al banco que no le da un crédito y a la paga del paro que es muy baja. Las subvenciones marcan el guión: que si la eutanasia, un tema complicado de tratar, la reconversión industrial, y últimamente, como gran tema de referencia: “La guerra civil”. Para cualquiera que vea una de las películas y no tenga ni idea de historia, asumirá que no fue una guerra entre dos bandos que practicaron el fratricidio, si no como una noble y culta parte del país fue atacada por unos descerebrados militares. Parece que quisieran ganar la guerra 60 años después, sin importarles el desempolvar las dos Españas de Machado, ahora que se diluían.
Ustedes dirán lo que quieran, pero que tiempos aquellos de Fernando Esteso y Pajares… uno iba al cine, la película era mala, pero entretenida, y lo mejor de todo: No salías del cine con la sensación de que un funcionario subvencionado te había intentado tomar el pelo y lavar el cerebro. Ahora, cuando salgo de ver una película española, vuelvo desesperadamente a casa, busco entre mi desordenado mueble alguna cinta de video, como por ejemplo “Rambo”, “Yo soy la justicia” o “Desaparecido en combate” y comienzo a relajar mi cerebro torturado.

 

 

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