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27/12/2006 - José Ramón Arévalo Sierra
¿Qué es calidad de vida?

¿Qué es la calidad de vida?
Voy a realizar una breve reflexión sobre un comentario que me ha llegado por parte de ilustrados ecologistas que defienden unas ideas que tenemos que respetar, pero que a algunos nos cuesta compartir. El comentario en cuestión vendría dado por algún grupo de análisis de Europa o comité de sabios (mal empezamos como podrán ver), que viene a decir prácticamente lo siguiente: “La pérdida de calidad de vida en las ciudades europeas ha provocado que los parámetros se acerquen a aquellos de los años 60”. O sea, que utilizando elementos de medida de la calidad de vida, se ha invertido la tendencia, y ahora vamos a menor calidad de vida en vez de a más que sería lo deseable y lo esperable en cualquier sociedad moderna.
Yo no se de donde han sacado esos resultados, pero hay algunos parámetros que les expondré y que no dan lugar a dudas: la esperanza de vida ha pasado de sesenta años a ochenta años en tan sólo veinte años (casi ganamos un año de esperanza de vida por año pasado). Los derechos de la mujer se han igualado a los del hombre, o sea, que por primera vez en la historia los hombres y mujeres tienen algo en común (derechos). La tasa de analfabetismo en los sesenta rondaba el 13%, hoy creo que no llega al uno por ciento y prácticamente cero en sectores de edad inferiores a los 35 años. España se ha convertido en un país rico que recibe inmigración, en vez de un donador neto de emigrantes. La sanidad se ha convertido en un servicio general para todos los ciudadanos españoles y los que nos visitan. Se ha pasado de una sociedad rural (agrícola-ganadera) a una sociedad de servicios. Se trabajaba de media 45 horas semanales, hoy no se llega a las 35 en muchas empresas.
Sigo intentando imaginar de donde habrán sacado los datos para poder realizar tales estadísticas, y pienso que uno de ellos podrían ser los atascos de tráfico. Es verdad, eso de que todo el mundo tengo posibilidades de comprarse un vehículo es un desastre, cuanta contaminación… ¡vayan en la guagua hombre!, que tiempos aquellos en que sólo marquesitos, caciquitos y señoritos podían tener un vehículo (o varios). Claro, otro dato que han podido utilizar para sus estadísticas es la masificación de la sanidad pública y la educación pública. Ahora imagino que estarán echando de menos cuando la mayoría de los españoles íbamos al curandero, y sobre todo cuando la universidad era cosa de cuatro adinerados. Que bien se lo pasaban, en sus residencias de estudiantes, no como ahora, que cualquier ordinario hijo de vecino puede ir a la universidad o a la escuela. Menos mal que ellos todavía pueden mandar a sus hijos a realizar un “master” a los Estados Unidos, para poder diferenciarse bien de la canalla. A lo mejor lo que han mirado es que morimos más por enfermedades tipo cáncer o tumores. Antes era difícil morirse de un cáncer, si tu esperanza de vida era de 50 años, no le dabas tiempo a que éste apareciera. Y por supuesto, otro parámetro importante, ¿se han fijado en lo gordo que andamos (al menos yo)?, fruto de nuestra pasión por comer… algo que tampoco pasaba en los 60.
Me resulta paradójico cuando estos señoritos de ciudad añoran la calidad de vida de los años sesenta y su sociedad agrícola ganadera: trabajando sus campos nosotros, 7 días a la semana, correteando detrás de las cabras (no le expliquen a las cabras historias de vacaciones o días de fiestas, hay que estar pendientes a ellas) o de las vacas.
Por muchos parámetros que yo revise, a mi no me salen las cuentas de la pérdida de calidad de vida… posiblemente sea porque yo nací en un cuarto cuyo baño estaba al final de la calle, las goteras de colaban por el techo y mi madre obtuviera su graduado escolar a los 50 años. Por más que miro, intento determinar la pérdida general de calidad de vida y no la observo. Morir de enfermedad o hambre, no tener unos servicios mínimos cubiertos o una educación es hoy prácticamente imposible. Niños y niñas están igualados en derechos por la legislación (hace 30 años las mujeres no podían ni pedir un préstamo), y las personas del mismo sexo que decidan unirse tienen los mismo derechos que otras parejas (a no ser que la alianza de civilizaciones le salga bien a la retroprogresía), como detalles variados de lo que yo creo que es calidad de vida.
Ellos, los analistas de la calidad de vida, desde su chalet privado, lo ven de otra forma. Que bien vivian antes en sus fincas y cortijos, con una corte de sirvientes alojados en la misma casa de ellos… cuando querían salían en coche y nadie les molestaba, no había tanto tráfico… La sanidad no existía, pero ellos tenían un médico a su disposición… Que bonita la naturaleza, todo estaba bien conservado, no como ahora que se nos ha llenado la isla de gentes de todos lados, gentes de fuera que no respetan sus ilustres apellidos.
No se, yo a lo mejor será que aprecio mucho la forma de vida actual, y frente a estar a las ordenes del señorito, prefiero a un empresario. Puede que para un porcentaje mínimo, la calidad de sus vidas puede haber empeorado. Pero como una vez dijo un alcalde del sur de la isla de Tenerife con multitud de problemas debidos al desarrollo turístico salvaje: “Antes en este pueblo había cuatro caciques que tenían todo, hoy ya no existen. Nada más que por ello, merece la pena todo el desarrollo turístico que hemos puesto en funcionamiento”, yo también estoy de acuerdo.

 

 

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