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14/12/2006 - José Ramón Arévalo Sierra
XXL- El tamaño importa

XXL – El tamaño importa

La superhamburguesa en litigio de la cadena “Burger-King” es el siguiente objetivo del gobierno para protegernos de la pecaminosa vida que supone el disfrutar de las delicias de la carne, las grasas saturadas y los carbohidratos rebosados. Desde un punto de vista infantil, se podría pensar que el gobierno nos está protegiendo, a nosotros y a los niños, de una muerte temprana como consecuencia del colesterol, los triglicéridos y el sobrepeso. No se engañen, al final lo que les sale de la vena de dentro a esta retroprogresía de salón es el siempre rancio control social y de las instituciones y el “demodé” antiamericanismo, expresándolo siempre que pueden a través de chorradas como esta. ¿Por qué lo digo? Bien, pasen por cualquier guanchinche de carretera y hagan los mismos estudios sobre calidad nutritiva que las cadenas de hamburguesas realizan sobre los platos que ofrecen. ¿Creían que podían comerse un plato de carne fiesta, con su aceite refrito varias veces, sus grasas blancas pululando por doquier y papas fritas chorreantes y además seguir tan panchos? ¿Piensan ustedes que los chicharrones refritos y rebosados que se comen son productos “Light”? Pues se caerían de espalda si vieran la tabla de nutrientes. No pensarían que algo tan delicioso al paladar podía ser además sano. Pidan la tabla de nutrientes de la carne frita, el cabrito en salmorejo o del solomillo relleno de queso y mantequilla… a su lado, la burguer XXL es un producto dietético recomendado por la dieta Meléndez para una bajada rápida de peso.
Al fin y al cabo, cuando vas a cualquier cadena americana de comida rápida, sabes que es lo que estás consumiendo porque la tabla de nutrientes te las ponen con ellos (ya se que los españoles no leemos ni las tablas de nutrientes ni los manuales de uso de los aparatos que compramos, que para eso somos unos machotes), mientras que en otros restaurantes penetramos en el mundo de la penumbra nutritiva y de los que salimos felices y chisposos. ¿Cómo se nos pondría el cuerpo si alguna de las ministras les diera por decir: Prohibida la carne de fiesta por sus perniciosos efectos en la salud humana? Yo se lo que pasaría, la carne de fiesta sería un producto que se vendería de forma ilegal. Llegarías al guachinche, harías una señal al camarero, este asentaría con la cabeza, y nos llevarían a un cuarto oscuro donde una señora la estaría preparando. Claro, que el plato pasaría de ser de 6 a 45 euros.
Las bajas pasiones del gobierno salen a la luz cada vez que plantean políticas como éstas en la que intentan protegernos a los ciudadanos de los pecados terrenales (si, si, mucho estado laico, pero prefería a los curas con sus sermones). No a las hamburguesas americanas (la hamburguesería Paquito de la esquina, con su hamburguesa la “Big-paquito” o la “HappyPaquito” si la podemos consumir, aunque sobrepase las 6000 kcal), nada de fumar y enciman quieren que haga deporte, pero todo ello por imperativo legal, no porque sea una decisión individual. Ya me están asustando, porque un estado que te da todo, también te puede quitar todo, siendo más probable esto último.
La película ”Super size me“ ha sido un gran éxito. Reírse de los americanos es popular y algunos de ellos lo saben y utilizan como estrategia comercial en esta Europa tan “chachi” ella, tan alternativa y con tanta clase. El personaje se dispone durante un mes a consumir hamburguesas en desayunos, comidas y cenas. Antes de comenzar esta dieta tan obviamente desequilibrada, se realiza un análisis de patrones básicos de salud (colesterol, triglicéridos, tensión, etc…). Bien, hasta aquí todo normal. El problema es que al mes, cuando se vuelve a realizar los análisis, se le ha disparado todo lo malo. La sorpresa me llega cuando nos lo expone como un gran descubrimiento, digno de aparecer publicado este sobrecogedor hallazgo en el “New England Medicine Journal”. Hasta el más lerdo del último rincón del planeta sabe que una dieta desequilibrada sólo da problemas. Sin embargo aquí nos partimos con las gracias del tipo por su gran descubrimiento y nos regocijamos con lo tonto que son los americanos. Todos ellos saben que su dieta es desequilibrada. Serán glotones y amantes de los excesos, pero no tontos.
Yo desde aquí realizo el desafío del millón… el hippie vegetariano de la película comerá brócoli, coles de bruselas o alcachofa (a elegir y en las cantidades que desee) durante un mes. Para darle mas gusto a toda la progresía, ésta será de producción orgánica y con comercio justo. Yo por mi parte elegiré una de tantas cadenas de hamburguesas que pululan por nuestro país (nacionales o extrajeras) y comeré en ellas desayuno, comida y cena durante un mes, pidiendo el menú de cualquiera de sus ofertas. Les puedo asegurar que yo puedo llegar a final de mes con unos parámetros orgánicos tan malos como los que tengo ahora, mientras que él, mi contrincante… ¿qué habrá sido de él? Posiblemente habrá muerte en el camino por un ataque de gases, aunque antes habrá perdido todas las amistades por sus desagradables costumbres, muy saludables, pero desagradables a la pituitaria. A ver si así aprende, como decían nuestras abuelas, que las dietas deben ser equilibradas y que hay que comer de “to”.

 

 

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