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06/12/2006 - José Ramón Arévalo Sierra
Se acabó el lavarse

Se acabó el lavarse

Canarias es una de las comunidades más sensibles al ahorro de agua, posiblemente de Europa. El achacar esta sensibilidad a la tradicional escasez del recurso no lo explica de forma significativa, ya que otras comunidades, con grandes problemas para el abastecimiento, no han desarrollado esta sensibilidad. Yo aún recuerdo que mi infancia estival en la Andalucía profunda corría entre bidones de agua y cubos a lo largo de la casa. El agua se cortaba casi de forma tradicional en verano para dejar tan sólo un par de horas al día. En esas dos horas mi madre nos distribuía por la casa, cada uno en un grifo, llenando bidones, que serían nuestro recurso hasta el próximo día. Lo de visitar el baño era una tortura puesto que mi madre había procedido convenientemente a cancelarlos hasta próxima noticia. Teniendo en cuenta que vivíamos en una cuarta planta (sin ascensor), no tuvimos más remedio que aprender a controlar, como verdaderos maestros “shaolines”, nuestras vejigas y esfínteres. Mi madre decía que así se nos construía el carácter (yo sigo dudando que tuviera algo que ver con el carácter). A pesar de todo, nunca se creó en mí esa sensibilidad con respecto al agua.
Si analizamos la distribución del agua en el planeta, los países con menos recursos económicos son los que más dificultades tienen para proveer de agua a sus habitantes. Los países ricos, independientemente de que estén en un desierto, tendrán agua a raudales para desperdiciarla de la mejor forma que deseen (las Vegas es uno de los más paradigmáticos ejemplos). La conclusión primeriza que nos llega a la cabeza: tenemos agua de sobra, aunque no cuando y donde la necesitamos.
La tradicional escasez del recurso en Canarias dio lugar a muy particulares tipos de gestión del mismo, siendo el ejemplo más peculiar la existencia de los “aguatenientes”. Pero se me ocurren otros como las gavias, el consumo excesivo de agua embotellada (a pesar de que el agua del grifo es de unas condiciones sanitarias excelentes, aunque no podemos decir lo mismo de las organolépticas en todas las islas) y finalmente una sensibilidad casi compulsiva para el ahorro. Incluso en el pasado, existieron planes para desplazar los habitantes de islas como Lanzarote y Fuerteventura a Gran Canaria y Tenerife, visto que existían verdaderos problemas con el abastecimiento de aguas en esas islas.
Los más jóvenes no recuerdan una infancia con escasez de agua. Las nuevas tecnologías permiten crear agua añadiéndola a la que se aporta por fuentes naturales. La población en Fuerteventura se ha multiplicado por diez en 30 años, y sin embargo, el agua sigue fluyendo por los grifos. La mayoría del gasto de agua viene provocado por la agricultura subvencionada, que en muchos lugares mantienen técnicas de riego poco eficaces (aunque han ido mejorando). Se están creando campos de golf por doquier y aún así el agua fluye. Las profecías apocalípticas que predecían guerras y hambrunas como consecuencia de la escasez de agua, como la mayoría de estas profecías, no han terminado de cumplirse… tenemos más agua y hemos multiplicado por cinco el consumo por persona en todas las islas. En el sur de Andalucía, los tiempos en los cuales nos distribuíamos por los grifos de la casa y desarrollamos un sobrenatural control de los esfínteres son cosas del pasado que ya pocos recuerdan.
Creo que esta bien racionalizar el consumo de agua, pero por parte de todos… todos tienen que poner de su parte, los usuarios, la agricultura (que debería realizar un uso tan sostenible y adecuado como el de los campos de golf) y la industria. Pero sobre todo hay que tener una política clara en la distribución y gestión. La mejora de las conducciones y la realización de los trasvases que sean necesarios atendiendo a las necesidad de los ciudadanos y el campo y no a los intereses particulares de las distintas regiones, que se han exacerbado de forma dramática en los últimos años. Al final siempre llegamos al mismo problema, la lacra del nacionalismo aldeano que veía como se amenazaba su independencia con una política de aguas general… si, estamos volviendo a esa España negra, individualista, introvertida, con visión periférica, en la que tu vecino te arrancaba la cabeza por una linde, una higuera o un canal. ¿El principal problema del plan hidrológico? Un plan de abastecimientos de agua general que cohesionaba el territorio español… y claro, eso es una aberración, no se podía permitir.
Ahora que el plan no se materializó, resulta que el culpable de que no haya agua soy yo porque dejo abierto el grifo cuando me afeito y me lavo los dientes. Siento como me apuntan con el dedo cuando camino por la calle. Y una vez localizado el culpable, es fácil una solución: Tengo 60 litros, 10 para preparar la comida, 15 para lavar platos, 5 para lavarme los dientes, 5 para afeitarme y 20 para la lavadora… aun me sobran cinco… ¡procederé a traficar con ellos y venderlos al mejor postor! Pero, un momento, creo que se me olvida algo… cierto, ¡no me queda agua para bañarme! Bueno, no hay mal que por bien no venga.

 

 

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