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12/11/2006 - José Ramón Arévalo Sierra
Érase una vez un puerto

Érase una vez un puerto

“La comunidad canaria no puede dejar pasar la oportunidad de contar con una infraestructura como la del Puerto de Granadilla”. Bien, quién dice esto no es un furibundo facha capitalista godo con deseos de expoliar los recursos naturales del noble pueblo canario. Quién pronunció tales palabras fue un ex parlamentario de Izquierda Unida, catedrático de La Sorbona y no se cuantos premios de medioambiente y más cosas: Ramón Tamames, especialista en temas ecologistas y económicos. Esto sólo lo remarco no porque piense que debido a ellos sus opiniones son la fuente de la verdad, sino porque los contrarios al Puerto de Granadilla nos atiborran con mensajes de prestigiosos profesores universitarios locales que en función de un limitado conocimiento del asunto (¿me pregunto si han hecho realmente algún estudio científico del tema y publicado sus resultados en algunas revista de impacto?) se permiten lanzar apocalípticos mensajes de los desastres que nos acecha en el caso de que ese tremenda negativa intromisión ambiental se termine materializando, a lo que no cabe la menor duda, tienen perfecto derecho a proclamar a los siete vientos.

Si hablamos de sebadales, esas praderas marinas de gran importancia para la vida marina e incluso para el mantenimiento de las pesquerías, algo que muchos canarios descubrimos con la historia ésta del puerto (nos pasó como con la isla de Perejil, hizo falta que la invadiera Marruecos para enterarnos de poseíamos grandes ínsulas de ultramar), pues ocurre lo mismo, he llegado a escuchar por parte de catedráticos de Biología que el Puerto favorecerá a los sebadales, creando zonas de protección de corrientes que favorecería el establecimiento de estas praderas, como parece ser que ocurre en Santa Cruz y otras áreas del archipiélago, mientras otros catedráticos dicen que prácticamente se extinguirán… ¡ahora si que me he hecho un lío! Si nos salimos del agua, la cosa no mejora (y miren que yo debería de entenderlo bien debido a mi propia actividad profesional), conozco a las personas que trabajaron en la evaluación de impacto ambiental terrestre, canarios con un excelente conocimiento del medio y expertos en la materia, las cuales reconocían que el lugar donde se colocaría el puerto es una zona altamente degradada de matorral costero, invadido de especies exóticas, sin prácticamente interés ecológico. Había eso sí, una especie de planta, conocida como piña de mar, que andaba por allí, planta que apenas se busca entre el sur de la isla y Santa Cruz aparece por todo el litoral. Pues fueron rápidamente acusados de venderse al capital faccioso, reaccionario, godo especulador. En cuestión de minutos, se buscaron otras opiniones de más expertos universitarios de renombre local augurando la desaparición de especies, cochinillas, escarabajillos y demás fauna de esa que dan repelús.

Voy a dar una opinión que vale lo mismo que las otras 800.000 opiniones que se han dado sobre el puerto de Granadilla. ¡Señores! preséntense a las elecciones, hagan campaña, concurran como cualquier grupo político, y si ganan, pues hagan lo que ustedes crean que es mejor para el pueblo canario. Extrapolando números, y teniendo en cuenta que lo acaecido en las manifestaciones se transmite a las urnas, tendrán un apoyo significativo. Sus dirigente no están manchados por la impopularidad de la política, algo de gran desprestigio en nuestra sociedad actual; lo que predican, me guste o no me guste, es una opinión respetable (siempre digo que no todas las opiniones son respetables, como la de los nacionalismos xenófobos). No al puerto de Granadilla, no al anillo insular, no a la tercera vía, no a la vía cornisa, no al tranvía, etc… estarán perfectamente legitimados para ello y actuar según sus ideales. Yo no estaré a favor de esas medidas, pero si han ganado las elecciones, siendo lo que la mayoría ha decidido, lo seguiré a pies juntillas. Como han ganado, no les organizaré manifestaciones intentando desacreditarlos, ni les acusaré de hacerse ricos gracias al ahorro que van a tener de tantas infraestructuras que se dejarán de realizar sin ninguna prueba contrastada. Nos buscaré grupitos de profesores para que los arrecien con críticas académicas, ni siquiera auguraré el nuevo “Apocalipsis now” de Canarias que seguramente llegaría con esas políticas según mi inexperta opinión. Como se de buena tinta que son respetuosos con la libertad de opinión, pues aprovecharé para realizar las críticas o alabanzas correspondientes. Si les digo la verdad, a mi lo que verdaderamente me gusta es jugar al diábolo y los mazos incandescentes, tocar los tamborcillos étnicos en la avenida Trinidad y tener un perro callejero. O sea, que a lo mejor quién sabe, pueden contar con mi voto.

 

 

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