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04/11/2006 - José Ramón Arévalo Sierra
¿La agricultura como negocio?

Artículo publicado en La Gaceta de Canarias. Cedido por su autor

¿La agricultura como negocio?

“Hay tres forma de perder dinero: con el juego el más rápido, con las mujeres el más placentero y con la agricultura el más seguro”, una frase célebre atribuida al Barón Amherst. Este visionario de mediados del siglo XVIII había percibido a través de la observación lo que tardaron en ver los economistas un siglo después. La producción primaria no es un negocio, lo que es un negocio es el tratamiento de esos productos y el mercadeo con ellos.

Cuando vamos a comprar algo al supermercado, recuerden que el coste de producción de aquello (mano de obra y materias primas) puede ser tan bajo como un 2%, el resto lo han absorbido intermediarios, mercado, tasas e impuestos. Incluso, grandes superficies comerciales pueden vender sus productos por debajo del precio al que ellos los compran. ¿Milagro de la economía? No, algo tan sencillo como no depender de sus ventas; estas empresas funcionan como entidades financieras y lo que tardan en pagar a proveedores es lo que produce dinero en sus cuentas, o sea, no viven de la venta de productos, haciendo más barata nuestra cesta de la compra. Ahí esta el negocio, y así lo han entendido los países asiáticos que se han dedicado a la manipulación de productos en vez de a la producción primaria. Aplicando este sistema de capitalismo primitivo, han sacado en 20 años a sus países de una miseria similar a la de países africanos, para ponerlos con una renta al nivel de países como Portugal y Grecia (las estadísticas dicen que hoy muere menos gente de hambre en el mundo y hay menos pobres gracias a ello, a pesar de las lamentables cifras que persisten en estos aspectos).

Aún, si esto está bien sabido ¿Por qué se sigue subvencionado una actividad deficitaria como la agricultura con tanta alegría? ¿Por qué se mantienen unos aranceles tan altos que impiden la entrada de productos del tercer mundo en nuestros hogares, más baratos al fin y al cabo? Si nos fijamos en países como USA, veremos como las subvenciones pueden llegar al 30% de la producción agrícola, siendo más en algunos sectores. Así que aquí, pues igual, nos dedicamos a subvencionar sectores deficitarios. Solo existe una diferencia: para USA, la agricultura es un sector estratégico a mantener en caso de conflicto (como hacen con el petróleo y más materias primas). En otros países, la agricultura remanente subvencionada no es ningún sector estratégico, con lo que de ninguna forma se podría justificar sus ayudas desde un punto de vista económico o de control. Sólo se pueden justificar desde un punto de vista de conflictividad social o de una defensa de las tradiciones (y este punto convencería a muchos, incluso a mí).

En Canarias, al día de hoy, si se nos cerraran las puertas aéreas y marítimas, como bien dice el Prof. Fernández-Palacios, a las dos semanas nos estaríamos comiendo unos a otros. Las subvenciones no han servido para actualizar la producción agrícola, tan sólo para alargar la agonía de aquellos que dependen de ella. Seguimos con unos cultivos impuestos en los años cincuenta que al día de hoy suponen un tormento a sus propietarios mantenerlos a base de subvenciones. Esto y otras muchas cosas más mantienen a las nuevas generaciones alejadas de este sector, y por más que insista algún Consejero del Cabildo de Tenerife en denunciar la decadencia de la agricultura y la extinción del agricultor, mucho me temo que esa batalla está perdida. Animar a las gentes a dedicarse a la agricultura y la ganadería, en las circunstancias actuales, solo puede venir de alguien que jamás ha cogido una papa o paseado un rebaño de cabras.

Afortunadamente, no todo el uso de la tierra es así. El cultivo más productivo por metro cuadrado que existe en canarias es el “campo de golf”: ofertas de trabajo, futuro, calidad de vida de los que trabajan en los mismos, respecto con el medio ambiente (sí, más respeto con el medio ambiente que ninguno de esos cultivos que tienen en mente), no reciben subvenciones, etc… es una situación sostenible y que ofrece pingues beneficios, y lo que es bueno para el turismo, es bueno para Canarias.

Recuerden esos tiempos en los que el canario emigraba, por falta de oportunidades, con una Canarias agraria y ganadera que muchos añoran. ¿La añoran los que emigraron con una mano delante y otra detrás a hacer fortuna en otros lares?. Cualquier añoranza de esa época no es más que una ofensa a los miles de canarios que salieron por necesidad. Yo mientras tanto, seguiré en mi terrenito cultivando papas (negras y “autodate”, muy ricas por cierto) y millo, para cuando vaya a recogerlos, bajo un sol picón y me duela la espalda, esperando que llegue la noche para volver a casa y olvidar con una cerveza delante del ordenador el lacerante día que padecí, acordarme de todos aquellos que creen que esa es una forma de vida maravillosa.



 

 

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