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04/11/2006 - José Ramón Arévalo Sierra
Alimentos ricos, ricos

Artículo original publicado en 'La Gaceta de Canarias', con permiso de su autor, el profesor de ecología de la Universidad de La Laguna, José Ramón Arévalo Sierra


Observo con gran sorpresa como nuestra sociedad desprecia los grandes avances que han conseguido colocar al hombre en una situación favorable frente a un medio ambiente, que por llamarlo de alguna forma, se comporta de forma hostil con nosotros (v no me refiero a las catástrofes, lo digo como un hecho de carácter continuo). Esta pérfida sociedad occidental y sus desarrollos tecnológicos. de forma totalmente inmoral y mezquina ha conseguido que vivamos más años, estemos mejor alimentados, nos reproduzcamos cuando queramos y seamos más felices (lo de la felicidad del buen salvaje huyendo del león que se lo quiere comer, la verdad es que me cuesta mucho comprender).

Cuando imparto clases, los alumnos de forma general saltan de sus asientos denostando las revoluciones agrícolas que nos han puesto en esta situación. Esas revoluciones nos ha llevado a tener la nevera llena, un transporte que ha multiplicado nuestra libertad de movimiento, un esperanza de vida de más de 80 años y unas libertades que para si hubiesen querido nuestros padres (si, hablo de tan sólo treinta años atrás).

Si a finales del XIX la primera revolución agrícola supuso la incorporación de maquinaria a la producción, dejando de convertir al hombre en un esclavo del limitado espacio a cultivar, la segunda y tercera revolución, a principios y mediados del XX, los fertilizantes y los pesticidas, liberaron al hombre del tiempo. Se podía cultivar en cualquier momento del año si las condiciones atmosféricas eran buenas. Si los nutrientes se agotaban se podían sustituir por los fertilizantes químicos, y la producción de producto podía aumentar entre un 60 y 200% combinando los fertilizantes con los pesticidas (si, el DDT, siempre vilipendiado, pero cuyo uso es posiblemente el más seguro de todos los pesticidas existentes, salvando vidas, etc... aunque eso es otro tema). Todas estas circunstancias rebajaron el precio de tal forma, que ya el acceso a la fruta y la verdura fresca no era cosa de ricos, sino de cualquier ciudadano, incrementando su ingesta de calorías de calidad, su capacidad económica, y por ende llevando a todos a un mayor tiempo libre para dedicar a su formación personal.

Ahora llega la cuarta revolución agraria, que poco menos significa que producir más, en menos tiempo, en menos espacio, por menos dinero y productos de más calidad. Y de forma indirecta significa: productos alimenticios más equilibrados (por ejemplo arroz con vitamina C para proteger contra la ceguera). protección de zonas naturales (al no tener que usar más terreno para producir más), menos contaminación de acuíferos por fertilizantes y pesticidas (la utilización de pesticidas prácticamente no es necesaria en algunos casos), productos que se conservan mejor y más baratos (gran repercusión de zonas pobres)... si, han acertado, les hablo de les transgénicos, que como decía el Profesor de Bioquímica Dr. Corzo: "Han llegado, y están para quedarse-. Estos transgénicos pueden aminorar los efectos de la inclemencias ambientales como la sequía, evitando periodos de hambrunas en zonas como China y India. Es cierto que su efecto puede ser mínimo en Europa y USA, pero ¿tenemos derechos a que nuestra obtusa mentalidad condene a la muerte o a la ceguera a ciudadanos de países subdesarrollados?

La critica a estos avances obviamente está encabezada por la retroprogresía europea y estadounidense, habitantes de grandes ciudades y gran poder económico. Estos que consumen compulsivamente productos orgánicos (más caros y regados con "compost"). Te suelen mirar como culpándote de los males del planeta cuando tu vas y compras los productos vegetales más baratos, o sea. los producidos de forma tradicional. Además auguran tu muerte temprana por cáncer, tumores, verrugas, pústulas y diarreas que asustan al más valiente.

Bien, ando ahora por California. Desde hace dos meses el consumo de espinacas orgánicas está prohibido. Se han producido 2 muertes por infección de Eschericchia coli (la bacteria responsable de disentería, en este caso una variedad más mortífera) y más de 200 ingresos hospitalarios de los susodichos consumidores compulsivos de vegetales orgánicos. Hoy se esta planteando extender la prohibición también a las lechugas orgánicas. Aún no se ha encontrado la fuente, pero obviamente están analizando el compost (difícil, dado que su forma de producción hace que su composición sea irregular) y las aguas no tratadas que se utilizan para regar estos cultivos. Algo que ya se habla advertido por multitud de expertos, pero a los que no se han hecho caso.

Yo ahora, estoy sentado en mi banco del McDonals (perdonen la propaganda). consumiendo productos tradicionales y disfrutando de unas deliciosas papas fritas (fritas con grasa animal de aspecto desagradable), acordándome de aquellos que aseguraban mi muerte temprana por un ataque al corazón como consecuencia del exceso de colesterol, triglicéridos y otras cosas más feas y soeces que me decían. Y seguiré disfrutando de esta tarde californiana si ningún José Bové de pacotilla, viene a quemarlo conmigo dentro para proteger los aranceles agrícolas de los países desarrollados que continúan empobreciendo a los pobres.

 

 

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