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09/10/2006 - José Francisco Fernández Belda
Memorias históricas

Memorias históricas
José Fco. Fernández Belda

En tertulias y mentideros varios, esas de cafecito acompañado de puro o cigarrillo vergonzante, se comenta la imperiosa necesidad de crear un servicio meteorológico virtual político, de acrónimo SEMEVIPO, para anunciar un sálvese quien pueda cuando arrecie el peligro de las tormentas políticas. Será fundamental que ya funcione en los próximos meses, ya que parece avecinarse una gran tormenta virtual y bananera originada por las altas presiones y temperaturas de la campaña electoral para la autonomía o nacionalidad canaria, ya no está muy claro cómo debemos llamarla aunque todos sepamos de qué o de quién se está hablando. En estos días pasados ya se barruntan los primeros cambios en la presión ambiental que se presentan, con pancartas incluidas, en Venezuela y República Dominicana.

Otra de las borrascas que ya han comenzado a moverse por todo el territorio peninsular y los isleños, espero y deseo que en áreas ideológicas virtuales muy limitadas, es la denominada “Recuperación de la Memoria Histórica”. Es curioso advertir lo equívoco de muchos de los términos usados para denominar este tipo de iniciativas, que más que títulos parecen eslóganes.

Para empezar, el término recuperación. En el DRAE figuran seis acepciones, pero para lo que aquí se comenta, tal vez, las más apropiadas sean la primera, “volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía”, o la sexta, dicho de una persona o de una cosa: “volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil”. Da la impresión que lo que se pretende con esa llamada recuperación es hacer que todo el mundo vuelva a hablar de algo que pertenece ya a una época que la inmensa mayoría de la población no ha vivido, haciéndonos creer que pasó antes de ayer. Conviene recordar que hoy en día sólo los más aplicados de la LOGSE tal vez hayan leído algo de eso en los libros de texto. Eso no exime a sus promotores de tratar de hacer falaces analogías y atribuciones de responsabilidades a personas que son bastante conocidas hoy la mayoría, sobre todo en el ámbito de la política actual, y que no pueden ser responsables de lo que hicieron sus abuelos, aunque aquellos lo pretendan, de ninguna forma. Aunque lo diga el BOE.

En segundo lugar, el artículo “la” no parece referirse al interés de esas personas en conocer lo que ocurrió en ese periodo histórico español en su globalidad sino en que se vuelva a hablar de una sola parte. Esa actitud me parece, como poco, un prejuicio y como máximo un sectarismo intolerable. Es legítimo, loable y tal vez importante, el interés de un grupo de personas, no siempre historiadores, por rememorar a quienes selectivamente tengan a bien. Pero lo que, a mi juicio no es correcto es el ámbito general que se le pretende dar en toda España a este tipo de investigaciones. No es “La Recuperación de la Memoria Histórica” sino más bien “Un recuerdo de las victimas del Franquismo”, que no es exactamente lo mismo, pues sólo se refiere a una parte de la historia. Y tanto las víctimas y asesinados de una y otra parte en conflicto merecen ser conocidas o reconocidas en los tratados de historia, cada vez más llenos de la pátina del tiempo y condenados al olvido por la falta de interés que el sistema educativo ofrece a nuestros hijos y nietos por algo que no esté ligado con la inmediatez y la falta de estímulo o rigor. Si la inmensa mayoría de los escolares no saben situar en el tiempo a Franco, la II República, para ellos, puede ser algo del paleolítico superior. Y en ambos periodos históricos se produjeron atropellos y asesinatos.

Una prueba palpable de esta situación, a mi juicio anómala y tramposa, la vivimos en el Aula de Arqueología del XVII Coloquio de Historia Canario Americana, donde los asistentes escuchábamos muy interesados las ponencias sobre asuntos que se referían a las Canarias precolombinas. Sin estar en el programa, nos colaron de matute una comunicación titulada “Los pozos de los desaparecidos durante la represión franquista de 1937 en Arucas”, trasladándola desde el Aula de Historia Social, donde supongo no se volvió a leer. Pero lo más “científico” del asunto es que una buena parte de la comunicación se refirió a la archiconocida y súper recordada Sima de Jinamar, que salvo nuevos estudios patrocinados por la concejalía de cultura, creo, de Arucas, sigue en Telde. Espero que al estudiar los restos humanos que allí pudieran encontrar, también analicen los correspondientes a los trece monjes mallorquines que los guanches arrojaron a esa misma Sima algo después de su llegada a Gando en 1342. ¿Es hacer ciencia histórica o es activismo político disfrazado de pseudo ciencia?

 

 

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