Inicio | Artículos | Autores | Foro | Links | Conferencias

Temas

+ ECONOMÍA

+ EDUCACIÓN Y CULTURA

+ INFRAESTRUCTURAS Y TRANSPORTES

+ LIBERALES IMPRESCINDIBLES

+ LIBERALISMO

+ LIBROS RECOMENDADOS

+ MEDIO AMBIENTE Y ECOLOGÍA

+ MISCELÁNEA

+ POLITICA EXTERIOR

+ SANIDAD Y PENSIONES

+ TURISMO Y COMERCIO

+ URBANISMO Y VIVIENDA

Artículos

04/10/2006 - CanariasLiberal.org
Artículo cedido por Fernando Guanarteme

EL HISTRIONISMO DE DEL GRUPO MIXTO Y SU ADLÁTERE ¿ARTE O ENFERMEDAD?

El otro día, no recuerdo ahora mismo la fecha exacta, leí en una revista destinada al público femenino, de esas que vienen encartadas en un diario de tirada nacional, un artículo muy curioso sobre psicología que se centraba en término “histrionismo”.

De memoria, creo recordar destacaba como rasgos definitorios de quines padecen esta, no sé si se puede tildar de patología, el ansia de ser siempre centro de atención, de tener un marcado carácter emotivo y de ser muy sugestionables. Pero sobretodo la desmedida tendencia a la teatralidad y la fantasía.

La Plataforma que se intitula como de Defensa del Puerto de Santa Cruz nos tiene acostumbrados, si es que esto puede llegar a convertirse en rutina alguna vez, a las más variopintas puestas en escena. Algunas cómicas, otras exageradas y otras simplemente absurdas. Pero el histrionismo que dejaron entrever el pasado martes el Grupo Mixto y su adlátere, “Scaramouch” Quintana, no sólo puso al descubierto el concepto de democracia, sino que también dejo claro la vocación teatral que profesan.

Supongo que para suplir la mala gestión del Guimerá, -¡Qué ironía-, los aspirantes a gestores municipales y su “Freak Troup” trataron de escenificar otra de esas funciones de teatro vanguardista al que son tan aficionados.

Primer acto, tras la intervención de Suárez Trenor, y aunque se explicó hasta la saciedad que aquello no era la picota pública, y que lo que hubiese que someter a debate tendría lugar en la segunda parte del pleno el portavoz. Ángel Isidro Ídem, con esos ademanes de galán de opereta, alentado por el abanicar de Odalys, que como un metrónomo marcaba los compases de su intervención a golpe de pestaña.

El alegato guimeriano, como él mismo reconoció, fue una lectura sosa y anodina del discurso preparado por Pedro Anatael. Como actor y como abogado un “crack”, pero creo que la imagen con la que se quedó el aforo fue con que de puertos ni papa. Su discurso, debe ser bueno en penal, es el ramplón y manido del “hurto de la democracia”. Si solamente hubiese contrastado los datos que le endilgaron, sabría que cruceristas, lo que son cruceristas de verdad, haylos más en Santa Cruz que en Las Palmas. A pesar de lo que digan las estadísticas.

Acto segundo. Aparentemente, en medio del pleno se oyen inicialmente unos sonidos guturales en la primera fila, que dan paso a una exclamación. El actor principal emerge sobre el resto, toma posición en el escenario y grita“¡Qué vergüenza, vaya democracia esta!”. Y dicen que los asistentes ven perplejos como un individuo, realizando gestos desmesurados, alzando el brazo diestro y dejando que se entreviese por el cuello de la camisa el arranque del pecho, libre de botonaduras, desafiando a la autoridad, como para que quedase constancia de que no se le pueden poner diques a la libertad de expresión, ejecuta una alegoría a “la libertad guiando al pueblo”.

Como no podía ser de otra manera, era el presidente de los mesiánicos defensores de dársenas; fantasiosos elegidos que riegan con sus lágrimas el Dique de las lamentaciones; los que lanzan plegarias que resuenan en la dársena cósmica para que vuelva el honrado y honesto Pedro Anatael, y rescate a la ciudadanía de esta Era de herejías, reino de la oscuridad.

No contento con esto, el Presidente de Presidentes hace mutis por el proscenio – tendencia experimental no siempre apreciada por el gran público– y, justo en el momento en que el respetable trataba de volver a coger el hilo de la trama central, remata con un portazo. Absurdo, mal entendido claro. Si estaba en el libreto, el fantasma de Beckett no debió estar a su lado en ese momento. Si fue una actuación esporádica, entonces es digno de estudio médico.

El acto tercero, repite el primero. El ritmo de la obra queda compensado. Los actores se mezclan con el público, se va difuminando la luz hasta que todo el escenario queda en penumbra, y se baja el telón. Fin.

Todos los síntomas de ese histrionismo patológico afloraron en cuestión de un minuto. La reflexión del martes es, ciertamente, que quizás el estudio médico sea la vía para entenderlos, y esto ya no sea ni una mera cuestión política, ni social, ni ecológica. ¿Arte o enfermedad?
Fernando Guanarteme

 

 

© Canarias Liberal - www.canariasliberal.org - info@canariasliberal.org

Sitio web desarrollado por www.canaryservices.com