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15/09/2006 - José Francisco Fernández Belda
Marruecos: Parecidos en la diferencia

Viviendo en San Borondón
Marruecos: Parecidos en la diferencia
José Fco. Fernández Belda

Es de sobra conocido, aunque poco comprendido, que el miedo y el terror son fruto del desconocimiento y de la ignorancia de las cosas y las gentes. Cuando algo se conoce, se le tiene respeto y se toman las adecuadas medidas de prevención, pero ya no hay miedo y mucho menos pánico. Por ejemplo, la inmensa mayoría de la gente no le tiene miedo al coche, pero hay quien se aterroriza con el avión o a las motos. Por esto es una importante labor de los poderes públicos y de los sistemas educativos estimular, los sentimientos de precaución y prudencia basados en el conocimiento de las cosas y sus peligros. En suma, transformar miedo irracional en prevención informada. Es parecido, pero es distinto.

Y si esta situación de desconocimiento se produce con las personas, sus aspiraciones y sus sentimientos, el resultado suele ser la xenofobia. La información correcta lleva a políticas de movilidad humana acordes con las posibilidades de acogida económica y social de los territorios. Esta es una enfermedad que se cura viajando, hablando con la gente e informándose, no actuando por prejuicios, eslóganes o consignas, sean sociales o políticas. Y esta reflexión, a mi entender, es válida independientemente del origen y del destino de la persona que abandona sus raíces en busca de otros horizontes y tampoco tiene que ver con el color de su piel o su religión, siempre que el emigrante sea consciente de que debe respetar la idiosincrasia, la cultura y el territorio que ahora le acoge.

Hablando con emigrantes y analizando estadísticamente sus comportamientos a medio y largo plazo puede decirse, en primera aproximación, que hay dos grandes tipos: los que rompen definitivamente con su pasado y los que aspiran a volver a sus tierras tras haber ganado unos dineros que le permitan volver transformados en Don José cuando salió Pepito. Es la típica y folklórica imagen de nuestro indiano.

Muchos inmigrantes marroquíes pertenecen a este segundo grupo. Y en eso se parecen como gotas de agua a los millones de españoles que marcharon a otras regiones o países europeos y americanos huyendo de la pobreza y la falta de horizontes, pero que volvieron en cuanto les fue posible a sus tierras de origen. Esta situación la refleja de maravilla la emotiva canción “El emigrante” de Juanito Valderrama. Esta es tal vez la razón de esas inmensas cantidades de vehículos que atraviesan España para volver en vacaciones a Marruecos y poder recargar las baterías de la nostalgia con sus familiares y amigos que quedaron allí mientras ellos se dejaban jirones de su piel en la aventura. Pero vuelven temporalmente con otro estatus, como pequeños Mister Marshall, con los coches cargados de muchas cosas, con ese estilo peculiar que da el subdesarrollo donde lo importante es “tener” y no tanto “ser”.

En eso, y en muchas cosas más que con su permiso seguiremos comentando, nos parecemos los hoy más desfavorecidos hoy en Marruecos con los españolitos de hasta hace pocos años. Y por eso debemos hacer un esfuerzo de comprensión mutua, sobre todo porque de haber vínculos entre pueblos, éstos hay que reencontrarlos con el Mediterráneo, norte y sur, nunca con el África por debajo del paralelo 15, eufemísticamente llamado área subsahariana. Ellos ahora y antes nosotros, llevamos el terruño en el fondo de nuestras almas y eso nos tiende a igualar en lo esencial como seres humanos.

 

 

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