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19/06/2006 - Alberto Mansueti
La salida (3)

“La Salida” (3):

PARA HALLAR LA SALIDA,
PENSAR DE OTRO MODO



Alberto Mansueti
Junio 2006


Cambiar la mentalidad. Salir del pensamiento marxista y socialista que predomina en los conceptos, explicaciones, diagnósticos y análisis, y en las propuestas.

“La Salida” comienza por una vigorosa campaña de alfabetización política en toda Latinoamérica. Con los argumentos económicos, sociológicos, y científico-políticos; pero también con la Santa Escritura, Palabra de Dios para quienes reconocemos su autoridad como tal. Bien interpretada y estudiada, la Biblia no se contradice con el genuino conocimiento filosófico y la ciencia verdadera. Por eso mismo, condición indispensable de la necesaria alfabetización es el llamado a despertar las habilidades cognitivas dormidas, y al empleo de la razón para pensar más detenidamente lo relativo a política y la economía.

La salida al pensamiento marxista predominante es el liberalismo clásico. El socialismo siempre en toda época y lugar termina en pobreza y opresión; de inmediato si es comunista, o al tiempo si es democrático. No hay ejemplo de socialismo exitoso.

La fórmula del liberalismo clásico -Gobiernos limitados, mercados libres e instituciones privadas independientes- fue la que siguieron con éxito Holanda, Suiza, Inglaterra, EEUU y los países del llamado Primer Mundo, hasta las primeras décadas del s. XX. Pero después el grueso de la opinión pública fue confundida y desorientada. Y esos países se desviaron de aquella senda, y se hundieron en el socialismo democrático. Para salvarles de la debacle -inflación, desempleo, depresión económica, pobreza, corrupción- cada cierto tiempo sus sectores conservadores les empujan en la dirección opuesta. Pero jamás alcanzan a llegar otra vez al libre mercado.

Se oye entonces preguntar, ¿por qué se desviaron entonces esos países del liberalismo clásico? ¿Y por qué todas las economías actuales son “mixtas”? ¿Por qué ninguna llega al extremo socialista pero tampoco al “otro extremo” …? Hay que explicar que al socialismo puro no llegan por sano instinto de conservación de la vida; pero al libre mercado no llegan por dos razones muy diferentes: por una parte ignorancia; por otra los intereses especiales, interesados en mantener sus privilegios económicos y políticos.

Desconocimiento. La clase media confunde p. ej. “monopolio” con gran empresa. Y cree en la teoría marxista de la explotación, y en la teoría leninista del imperialismo. Y en la mitología socialista sobre el trabajo de niños y mujeres en la primera Revolución Industrial. Y en la leyenda de que la crisis del 29 fue producto del libre mercado. Y en que “el Estado debe intervenir”. Sin pensar mucho, sin investigar ni documentarse, al libre mercado le atribuye todos sus males y padecimientos, pese a ser causados no por su presencia sino por su ausencia: por el estatismo, que a las naciones ricas les impide aumentar su riqueza y reducir los bolsones de pobreza, y a las del Tercer Mundo nos bloquea la salida. Y las confusiones y firmes creencias erróneas de la clase media se filtran hacia abajo, a la hora de formarse las opiniones políticas, manifestarse los apoyos, y decidirse los votos.

Intereses especiales. Así ganan los intereses creados. En la capital, los sectores económicos y políticos, mercantilistas y socialistas, estatistas tradicionales y emergentes, terminan negociando siempre sus privilegios, que coexisten a expensas de los más sacrificados, los de abajo, los que tienen más que perder, pero lo ignoran. Y los de la periferia interiorana.

¿Por qué sobrevive el socialismo comunista? El colapso de la URSS y la caída del Muro en 1989 desacreditaron al marxismo. Los socialistas de todo el orbe buscaron un recambio ideológico, para seguir embistiendo contra el libre mercado. Y encontraron varios: ecologismo, feminismo, indigenismo y nacionalismo; pero sobre todo reencontraron la interpretación socialista del cristianismo, que desde Francisco de Asís hasta León Tolstoi siempre le ha prestado al socialismo sus mejores servicios. Y que en América latina tiene en la Teología de la Liberación un exponente siempre dispuesto.

Por este recambio, 1989 no implicó el fin inmediato del socialismo. Rusia y los países de Europa Oriental no emprendieron el camino del capitalismo liberal clásico sino el del “neo” liberalismo recomendado por el FMI y el Banco Mundial. Y los de Latinoamérica, igual.

A diferencia de la clase media profesional, los pobres no han pasado por Universidades marxistas, ni se interesan mucho por la “explotación capitalista”, los monopolios, la crisis del 29 u otros asuntos de Economía Política, marxista o no. Pero los pobres -y no sólo ellos- son particularmente atraídos por pasajes evangélicos. Sobre todo los que parecen dirigidos contra los ricos, como p. ej. el del camello y la aguja, y un Reino de los Cielos aparentemente sólo para los pobres. Cada Domingo al menos, quienes acuden a los templos escuchan alguna diatriba contra los ricos, asumiendo que Dios prefiere a los pobres, y que si Su ayuda no llega, debe y puede esperarse la del Estado, para “redistribuir” la riqueza.

La salida a la Teología de la Liberación es la Teonomía. La alfabetización política incluye una considerable porción de Teonomía. Palabra algo desprestigiada en EEUU, aunque de vieja tradición en el pensamiento cristiano al menos desde Tomás de Aquino y Juan Calvino, hasta Juan Pablo II (Encíclica Veritatis Splendor). Hoy en día, círculos teológicos adscritos a diversas denominaciones rescatan el concepto de “Teonomía”: quiere decir normas de Dios, en la Escritura, correctamente interpretada. No sólo para la conducta personal y la vida familiar, sino también para los negocios, la economía, las Iglesias, los Gobiernos. La Biblia enseña los principios cristianos que en Occidente han contenido a los Gobiernos. Perfectamente aplicables al día de hoy. Esas normas no aconsejan el socialismo sino todo lo contrario; pero hay que estudiarlas, entenderlas, y explicarlas. Y no son irracionales.

La salida a la confusión de las emociones y sentimientos es la razón. La vida está hecha de problemas: en el trajín diario de cada persona, en su oficio, profesión o quehacer productivo, y en el matrimonio y la familia. Y en la política también por supuesto. Pero también hay soluciones. Y para salir de los problemas, la gente necesita hallar las diferentes soluciones posibles y elegir las mejores. De otro modo no hay salida. Sólo que para hallar las soluciones y escoger, es necesario pensar. Apoyarse en la evidencia, en las pruebas empíricas y documentales; y en última instancia, en la razón, que juzga y decide sobre la validez de las observaciones, evidencias, argumentos y pruebas.

El desuso de la razón. Desafortunadamente la gente usa cada vez menos la razón para conducir sus asuntos y resolver sus problemas y conflictos. Tienden a prevalecer entonces las emociones y sentimientos, muchas veces entre las mujeres, o peor aún la violencia, muchas veces entre los hombres. Pero ninguno es buen sustituto de la razón, porque ninguno es tan eficaz o tan justo. Sin embargo la razón está muy desprestigiada por el Posmodernismo y la New Age. ¿Cómo extrañarse entonces de que en los más diversos órdenes de la vida tiendan a prevalecer las emociones y sentimientos, y en última instancia la fuerza bruta?

Hoy en día la gente tiende a usar la razón nada más en el ejercicio diario de su actividad profesional u oficio. Y poco para administrar su dinero, y para conducir sus asuntos familiares; y menos aún para formarse sus opiniones políticas y votar. Porque la razón ha sido prácticamente expulsada de la arena política, hace tiempo. Y estamos pagando las consecuencias.

Rumbo Propio


 

 

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