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19/06/2006 - José Francisco Fernández Belda
De antenas y otros generadores de CEM

Viviendo en San Borondón

De antenas y otros generadores de CEM
José Fco. Fernández Belda

Vivimos tiempos en los que parece que los avances científicos y técnicos se han aliado contra el género humano para aniquilarlo como si de los cuatro Jinetes del Apocalipsis se tratara. Cualquier tecnología es vituperada por algún grupo pretendiendo sacar quien sabe qué ventajas para sus intereses, aunque siempre con el deseo de salvar a la humanidad. Nos matan lentamente los colorantes y aditivos, que mejoran y conservan los alimentos, pero que nos dicen ahora que producen cáncer. A los más talluditos nos mataba el pescado azul, el aceite de oliva y la leche de vaca, hasta que llegó la leche en polvo y los derivados lácteos, que no rompen los corazones en mil pedazos. Ahora son los campos electromagnéticos, CEM, los que nos asesinan, olvidándose de que el propio campo magnético de la Tierra nos envuelve desde que el mundo es mundo. O de que, gracias a esos campos, podemos oír la radio y ver la televisión en casi cualquier punto del planeta, así como subir y bajar en ascensor. O que las radiografías, escáneres, cardiogramas y radioterapia, que además de CEM manipulan la energía atómica, no dicen que son otro de los terrores modernos pero que salvan vidas a diario. Es como si el síndrome de fin de milenio quisiera hacerse fijo de plantilla en nuestras vidas, huyendo de la precariedad y del contrato de trabajo temporal que los amigos del catastrofismo y del esoterismo le ofrecieron en el año 1999, en el que para unos terminaba el siglo y el milenio, y el 2000, para otros, entre los que me encuentro, que era realmente el último de ese periodo. Es igual la verdad, a estos efectos, al milenarismo se le hace una prórroga de contrato por obra y problema resuelto.

El asunto estrella, que según estos grupos amenaza con matarnos a todos, es el problema de las antenas para la telefonía móvil. Unos asustan a la gente con cánceres y problemas médicos indefinidos, pero letales. Incluso algunos médicos lo afirman, pero no se atreven a firmar un certificado de defunción por ese motivo, lo que permitiría a los familiares del difunto acudir a los tribunales. Otros movilizan a las gentes, en todos los sentidos, convocando a manifestaciones contra la instalación de antenas (sólo de móviles, no de radioaficionados o de emisores de radio o televisión), o el desmantelamiento de las ya en funcionamiento, a través de mensajes de tipo “pásalo” y con llamadas por esos demoníacos aparatos, aparentemente sin darse cuenta de que con esas comunicaciones incrementan notablemente el riesgo de quedar ellos afectados por esos mismos campos electromagnéticos que están combatiendo. Esta absurda situación recuerda algunas manifestaciones de jóvenes, con muy pocos conocimientos históricos, para luchar por la paz universal luciendo banderas, camisetas y octavillas con la imagen del Che Guevara y de Mao, que, como alguien les ha contado, eran notables pacifistas. Y nunca se acuerdan, por ejemplo de Mahatma Gandhi cuyo verdadero nombre, por cierto, es Mohandas Karamchand Gandhi. Mahatma significa alma grande o alma noble y es más bien un título que por su bondad, su sencillez y modestia le puso el pueblo indio y evoca paz y fortaleza, mientras que Che recuerda la muerte, la injusticia sobre los pueblos y la guerra.

En asuntos referidos a las ciencias físicas, prefiero leer los informes que elaboran los organismos con reputación de serios y rigurosos. Y para mí este es el caso del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, pata española del proyecto CEM de la Unión Europea. Y éste ha redactado un informe titulado “Campos electromagnéticos y salud pública”, publicado por el Ministerio de Sanidad y Consumo, que se puede bajar de Internet y cuya lectura es muy recomendable para todos aquellos que se quieran informar de estos asuntos desde el punto de vista científico, y no por la opinión sin evidencias ni bases experimentales, basadas en suposiciones y prejuicios. En particular, a mi entender, son de interés las conclusiones quinta y sexta de ese informe, elevado a la UE:

a) A los valores de potencia de emisión actuales, a las distancias calculadas en función de los criterios de la recomendación, y sobre las bases de la evidencia científica disponible, las antenas de telefonía y los terminales móviles no representan un peligro para la salud pública.

b) En cumplimiento del principio de precaución, y a pesar de la ausencia de indicios de efectos nocivos para la salud, conviene fomentar el control sanitario y la vigilancia epidemiológica con el fin de hacer un seguimiento a medio y largo plazo de las exposiciones a campos electromagnéticos.

Esta misma situación de miedo ya se vivió anteriormente cuando empezaron a funcionar las fotocopiadoras, los televisores y los monitores de ordenadores. A las primeras, se decía por entonces, no se podían acercar las embarazadas y a las otras había que ponerles unos filtros de tela para que pararan las intangibles radiaciones que hacían perder la vista y luego generaban cánceres. La propia OMT, Organización Mundial del Trabajo en Ginebra, se encargó de conjurar estos disparates y se centró en hacer recomendaciones sobre los problemas posturales o ergonómicos de diseño del mobiliario de oficina, dejando en paz a los CEM.

El miedo y el rechazo, fruto del desconocimiento, debe ser sustituido por la prudencia y el respeto, signo de conocimiento. A la electricidad y al magnetismo, hoy no se les teme, sólo se les trata con el debido cuidado. Pero muchos políticos, sobre todo en la oposición, prefieren no enfrentarse a grupos vecinales desinformados, pensando que así se ganarán su voto, aunque con esa actitud no contribuyan a eliminarles los miedos injustificados que los atemorizan innecesariamente y a generarles la paz, el sosiego y la felicidad que Adán Martín les prometió en su toma de posesión. No es cuestión de fe, que es inmaterial, lo es de ciencia, que se puede pesar y medir.


 

 

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