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13/06/2006 - Alberto Mansueti
'La salida' (2)

“La Salida” (2):

AUTONOMÍA REGIONAL,
CAPITALISMO LIBERAL



Alberto Mansueti
Junio 2006


Para encontrar las mejores soluciones, las personas necesitamos respuestas claras y ciertas. De otro modo no hay salida. Así es en todos los órdenes de la vida personal y social; y en la política también.

¿Respuestas claras o ciertas? Lamentablemente, en la política de Latinoamérica cuando las respuestas son claras, no son ciertas; y cuando son ciertas, no son claras. Al menos hasta ahora ha sido así.

-- Respuestas claras pero no ciertas dan los personeros del sistema, representantes del mercantilismo, el paleosocialismo, el neosocialismo (mal llamado “neo” liberalismo muchas veces) y del antisistema: la Nueva Izquierda. Sus premisas y conclusiones son falsas, pero claras y contundentes. Suenan “prácticas” -a veces hasta obvias-, y atractivas. Hasta que se ponen por obra. Porque el papel aguanta todo.

-- Respuestas ciertas pero no claras han dado hasta el momento muchos portavoces del liberalismo, incluso clásico. Infinidad de críticas al statu quo y a las consignas y propuestas antisistema, todas muy sabias, agudas, intelectualmente concluyentes, aplastantes. Pero casi siempre en un lenguaje “técnico” poco claro, que no llega a la mayoría.

Y lo que es peor aún: ¿qué han sugerido en su lugar? ¿qué han propuesto, aparte de criticar? Salvo contadas y notables excepciones -y descontando los fiascos “neo” liberales-, no nos han formulado políticas inmediatamente aplicables, ni medidas concretas a tomar ya mismo si se quiere, con ofertas de resultados tangibles a corto plazo, todo expresado en lenguaje llano y simple. No nos han mostrado claramente la salida. Pero hay salida.

La salida.
-- La salida al estatismo colectivista es el capitalismo liberal.
-- La salida al centralismo es el autonomismo liberal.
-- La salida al pensamiento marxista predominante es el liberalismo clásico.
-- La salida a la Teología de la Liberación es la Teonomía.
-- La salida a la confusión de las emociones y sentimientos es la razón. Veamos.

La salida al estatismo colectivista es el capitalismo liberal. No nos dijeron que el estatismo -el intervencionismo gubernamental en la economía y en la sociedad- es la conclusión política de una premisa filosófica falsa: el colectivismo. El colectivismo subordina el individuo a un ser colectivo, cualquiera: tribu, nación, raza o etnia, pueblo, clase proletaria, Humanidad (o en el ecologismo radical, todos los vivientes creados, incluso animales y plantas).

En el estatismo es en nombre y representación de un Ente o ser colectivo que el Estado ilimitado ejerce poder ilimitado y total (totalitario) sobre el individuo. Por eso hasta la democracia puede ser colectivista si predica la sujeción a la mayoría; es entonces una democracia ilimitada, totalitaria, de individuos carentes de derechos contra la voluntad de la mayoría, y con un Estado multipropósito y omniabarcante.

Al colectivismo se opone el individualismo -que confunden con egoísmo-, piedra angular de toda concepción realista del hombre: los seres individuales existimos per se, y los colectivos nada más por agregación o suma. No hay voluntad colectiva, ni inteligencia, alma o espíritu colectivo o “nacional”.

Orden natural, parasitismo y esclavitud. Ayn Rand explicó que si se aceptan premisas colectivistas no hay defensa eficaz del capitalismo liberal. Para ser exitosos, sus abogados deben ser coherentes, desde las premisas. Han de defender ese sistema por ser el único que funciona, ajustado al orden natural de la sociedad, con la propensión del individuo humano mayor de edad a ejercer actividades económicas productivas en libertad; no bajo tutela gubernamental. Han de explicar que los otros sistemas, antiliberales, colectivistas y totalitarios, se edifican por encima de un capitalismo natural, eficiente y productivo, salvajemente parasitado. Los parásitos viven de los productores, no los matan; sobre todo si los esclavos se resignan a su condición, limitandose a negociar sus términos en lugar de resistirla.

Hoy todos los sistemas son “mixtos” porque a la sociedad natural de gentes productivas, se le superpone otra, la contranatural, que vive a sus expensas. Y el capitalismo es tan eficiente que produce para sí mismo y para sus explotadores: así como el sector estatal vive del privado, el hipertrofiado segmento político vive del económico, y la capital de las provincias.

La capital y el interior. En Latinoamérica el capitalismo natural sobrevive mejor en las regiones que en las capitales -salvo el buhonerismo- y en algunas más que en otras. La capital de cada República es la sede física del estatismo -antifederal y centralista por esencia-, y por consiguiente de los privilegios y las dádivas. Es difícil generalizar, pero muchos migrantes a la capital se hacen más dependientes del estatismo, de sus ofertas y promesas, y más proclives a aceptar sus valores; o así ocurre al menos con sus hijos y nietos nacidos en la capital. Por el contrario, quienes quedan en provincias con suficiente actividad económica y riqueza privada, suelen estar más familiarizados con la ética propia del trabajo productivo y el ahorro, de la capitalización, de la competencia abierta en calidad y precios -sin privilegios-, de la libre contratación, y del pago en función de resultados. Aunque no es así en provincias más atrasadas y de economía privada muy escasa y marginal.

Ludwig von Mises explicó que el colectivismo hace a un país incompetente, incapacitado para el comercio exterior y aspirante a la autosuficiencia mediante el “proteccionismo”. Que siempre fracasa, sólo que en geografías pequeñas el fracaso es inmediato y muy visible. Si la nación es en cambio de enorme territorio, se condena a un bajo nivel de vida promedio: la autarquía es mal negocio para los eficientes, pero bueno para los parásitos. Pero si el país es pequeño, se condena de inmediato a la muerte: la autarquía es quimera inalcanzable, debe acudir de inmediato al comercio exterior, y los parásitos no sobreviven. Por eso los socialistas siempre buscan “integraciones” en grandes espacios “geopolíticos” -nacionales o supranacionales-, dentro de los cuales las personas, empresas y regiones más productivas puedan ser explotadas por las menos productivas, y esa explotación pueda ser disimulada.

La salida al centralismo es el autonomismo liberal. ¿Hay salida para las regiones más eficientes, expoliadas mediante el estatismo por el orden colectivista impuesto desde la capital? Sí: el capitalismo liberal por la vía de autonomía política. Estatutos autonómicos que le permitan a la región practicar la economía libre en una sociedad libre, sin separarse del resto del país, pero integrada a la globalidad. “Un país, dos sistemas” tipo China, y con Estatutos tipo españoles en su forma, aunque no en su contenido (socialista).

Autonomismo no es separatismo. No es el “nacionalismo” separatista, típico de las filosofías colectivistas de izquierda o derecha, fuertemente emocionales y con frecuencia violentas, cuyo desideratum es reproducir a escala regional el estatismo nacional.

Esa no es la salida.

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