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08/06/2006 - Alberto Mansueti
La Salida (1)

“La Salida” (1):

LATINOAMÉRICA
BUSCA LA SALIDA



Alberto Mansueti
Junio 2006


¿Qué tienen en común las elecciones presidenciales de 2006 en Perú, México, Venezuela y otros países de la región? La misma escena política: de un lado los líderes antisistema -Chávez, Ollanta, AMLO-; de otro lado la incapacidad de los candidatos del sistema político tradicional para ofrecer al electorado respuestas distintas a las meras críticas a sus adversarios, y alarmistas denuncias sobre sus conexiones (reales o supuestas) con Castro y la subversión internacional globalizada.

¿Y la gente? ¿Cómo reacciona ante unos y otros? Primero se polariza y reparte en dos bandos. Pero después, como en Venezuela, el desengaño con el neocomunismo genera un gran sector mayoritario, no identificado con unos ni con otros. Mucha gente se resiste a creerle a la Vieja Oposición, que en el pasado estuvo en el poder 40 años y no lo hizo nada bien.

Por eso los candidatos del sistema pueden vencer -como en el Perú-, mas no convencer. Y en sus promesas vagas, y en sus más vagas fórmulas propuestas para efectivizarlas, terminan bastante parecidos a las figuras antisistema.

Los candidatos antisistema. Lucen algo más creativos y coloridos. Con las banderas de la Nueva Izquierda: ecologismo, feminismo, indigenismo, Teología de la Liberación y nacionalismo antiimperialista, urbano o campesino, unas veces sindicalista, otras militarista. No apelan a la razón y al juicio, sino a las emociones y sentimientos de las masas que esperan una mesiánica reivindicación, al parecer siempre traicionada y postergada. Los caudillos antisistema se autopresentan como la nueva opción: anticorrupción y antipartidos; y en realidad representan un populismo renovado, con bastante Posmodernismo y mucho New Age.

De este modo los candidatos antisistema canalizan las tremendas esperanzas y deseos de cambio anidadas en millones de pobres y clases medias latinoamericanas, de capitales y de provincias, citadinas y rurales, mujeres y hombres, desocupados o subocupados en diversos quehaceres, jóvenes y no tan jóvenes. ¿Qué buscan? La salida.

La salida a la crisis permanente. A la depresión económica continua, al desempleo, la criminalidad y la desintegración familiar. A la ignorancia, la pobreza y la miseria. A la insuficiencia crónica de los viejos servicios estatales de educación, medicina y “seguridad” social que se suponía debían remediar estos males, y de los nuevos “programas sociales” adoptados el mismo fin, e idéntico resultado negativo. A los terribles efectos del fracaso del mal llamado “neo” liberalismo de los ’90, superpuestos a las no menos terribles consecuencias del fracaso de las mezclas de mercantilismo y socialismo de los ’70 y ’80 (a su vez reediciones del antes varias veces fracasado populismo latinoamericano tradicional).

Los candidatos del sistema. Los abanderados del sistema mercantilista-socialista no tienen respuesta efectiva. No tienen la salida. La Vieja Izquierda dice que se ha renovado y que ha aprendido, que su socialismo es ahora “moderno” y democrático; y lo que promete es más “neo” liberalismo. Y la Vieja Derecha dice que ahora tiene “conciencia social”; y promete el mercantilismo tradicional de siempre, ahora con los consabidos “programas sociales”, muy poco efectivos excepto como fuentes de corrupción. En síntesis: más de lo mismo.

El problema de fondo. La pobreza del discurso del sistema es imposible de disimular o encubrir. Pone de relieve cuál es la verdadera crisis en América latina: la dramática ausencia de alternativas políticas inspiradas en el liberalismo clásico.

El problema no es Chávez. No es Evo ni Ollanta. Ni siquiera Castro. El problema de fondo es que la satanización del capitalismo liberal ha impedido en América latina el surgimiento de partidos 100 % antiestatistas y libres de socialismo comunista. Es el mismo problema de Europa Oriental, y de casi todo el mundo: no hay fuerzas económicas, sociales y políticas identificadas con el libre mercado y el sistema de Gobierno limitado.

Hay que cambiar el sistema. Tenemos suficiente experiencia de mercantilismo, con sus oportunidades de riqueza sólo para los privilegiados económicos. Y de socialismo -comunista o democrático-, con su pobreza para todos excepto los privilegiados políticos. Y del sistema mixto de privilegios económicos y políticos en medio de la pobreza, la incuria y la ignorancia.

Pero no hay experiencia de capitalismo realmente liberal: oportunidades de riqueza para todos, mediante propiedad privada y mercados abiertos, verdaderamente libres de monopolios estatales o privados. Porque no hay experiencia de privatizaciones populares, ni desreglamentaciones, ni de seguridad, justicia y obras públicas garantizadas por un Estado limitado a esas funciones. Y esa es precisamente la salida.

“La Salida”. Fue concebida a comienzos del nuevo siglo en el Instituto de Libre Empresa (ILE) del Perú -aprovechando estudios anteriores del Centro de Economía de la Oferta (CEO) de Maracaibo, y de la Fundación Libertas de Caracas, Venezuela- por el grupo liberal reunido después en la Conferencia Liberal Hispanoamericana, como un concepto, una nueva referencia en el mapa ideológico-político del subcontinente. Lo llamamos “La Salida” por ponerle un nombre, ante la deformación y degradación de los términos “liberalismo” y “liberal” en todo el planeta. Si se quiere es una doctrina y una enseñanza, un programa ideológico; pero encarna en un Programa de Gobierno, que los de Rumbo Propio de Venezuela definimos “liberal en lo económico, conservador en lo político, y cristiano en sus principios”. Un programa que a la vez sirve como Plan de Transición al pos-socialismo, ¿por qué no? Y como Estrategia. Después de todo es antisistema: es la verdadera salida a la crisis del sistema. Exactamente lo opuesto al sistema.

-- ¿Cómo es el sistema? Gobiernos ilimitados -libres-; mercados maniatados; e instituciones privadas amarradas al Estado, y por consiguiente dependientes del poder y la política. Tales son las causas y no otras de la continua depresión económica, del desempleo, de la criminalidad y la desintegración familiar, de la ignorancia, la pobreza y la miseria.

-- ¿Cómo es La Salida? Lo contrario: Gobiernos limitados, mercados libres, e instituciones privadas separadas del Estado, y por consiguiente independientes del poder y la política. Esas y no otras son las llaves de la prosperidad y la abundancia.

-- ¿Cómo alcanzamos La Salida? Con privatizaciones populares, y desreglamentaciones. Y con seguridad, justicia y obras públicas garantizadas por un Estado limitado en esas sus propias y naturales funciones, limitado en los poderes y facultades para cumplirlas, y limitado en los recursos requeridos para concretarlas. Y con cupones para la educación, atención médica y planes previsionales de los más pobres.

-- ¿Y cuál es el método? Demostrar, enseñar, convencer. Para conseguir así simpatizantes y adherentes, miembros activos, y contribuyentes voluntarios. No hay otro.

Esa es la salida.

www.rumbopropio.org.ve



 

 

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