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06/06/2006 - José Francisco Fernández Belda
Una cuestión de más

Viviendo en San Borondón

Una cuestión de más
José Fco. Fernández Belda

En un estupendo libro titulado “El universo eléctrico” (de David Bodanis, Editorial Planeta, 2006) se cuenta que Michael Faraday, un londinense hijo de familia obrera y quizás el hombre que más hizo por descubrir los campos electromagnéticos “tenía una gran ventaja sobre sus rivales ingleses y también sobre los del continente. Todos ellos se habían formado en las matemáticas avanzadas que Isaac Newton había desarrollado a finales del siglo XVII… Pero él había estudiado por su cuenta desde los doce años, mientras trabajaba como aprendiz de encuadernador, por eso no había estudiado muchas matemáticas y por eso no se dejaba seducir por la belleza de las ecuaciones”.

Y nuestros gobernantes de hoy parecen todos salidos de la escuela de Newton y miran a los discípulos de Faraday por encima del hombro. Todo lo quieren arreglar con números, con “más” número de algo para ser más precisos. Pero como toda cara siempre tiene su cruz, inevitablemente han de usar también el “menos” en la ecuación, lo que se llamaba una regla de tres inversa en los tiempos donde aún existía una formación seria, rigurosa, exigente y sin que nuestros padres nos tuvieran que llevar al psicólogo porque el estudiar, memorizar, hacer deberes y jugar en la calle nos pudiera traumatizar para siempre. Cosa curiosa resulta ser que todos aquellos presuntos tarados de la educación de antaño son los que ahora constituyen la secta pedagógica que quiere arreglar la educación, como si la educación tuviera arreglo con ellos.

¿Qué hay más inmigrantes en Canarias? Eso se soluciona con más policías, más diplomáticos, más viajes, más repatriaciones, más derechos humanos y más dinero. Con esa amalgama de cosas debería producirse menos problema, pero como las matemáticas son tozudas, la suma de muchos más nunca produce un menos, salvo en el caso de que haya un factor común y ese sea contundentemente negativo. Para el problema de la emigración, tal vez ese multiplicando fuera el que se intercepten más cayucos en origen y durante la travesía, además de intentar controlar la presencia de los que entran legalmente y se quedan aquí después.

¿Qué nuestros trabajadores, o aspirantes a serlo, no están formados? No hay problema, se dan más cursos de formación ocupacional, sobre todo de informática con ordenadores pagados con el dinero público pero que quedan en propiedad de los centros formativos. Hay incluso intermediarios que una vez ese material es de su total propiedad, los alquilan a otros. Más negocio y más madera, como gritaba Groucho Marx. Estas personas han hecho un curso de ingeniería financiera, con guante blanco y sin grasa en las manos, que les permite más rentas propias con más inversión pública. Lo malo es que eso no produce menos desempleo, sólo genera más decepciones.

¿Qué la justicia no funciona? Problema resuelto utilizando de nuevo el “más”: más funcionarios, más sueldo, más edificios, en suma, más dinero. Aquí viene a cuento aquella clásica regla de tres inversa afirmando que si dos albañiles levantan una pared en dos días, cuatro lo deberán hacer en uno. Tuvo que venir el economista Samuelson a explicarnos que las cosas no son así, que en este caso de los ladrillos, y de otros más casi sin excepción, el doble de trabajadores tardarán no la mitad del tiempo sino, como mínimo, el doble y que el resultado es incierto aunque tiende a infinito. La enseñanza tradicional no conocía por entonces la existencia de liberados sindicales.

¿Qué la industria turística va muy mal? Se juega con las estadísticas para intentar hacer ver que hay más turistas donde todo el mundo ve menos y, sobre todo, que vendrán muchísimos más cuando la Consejería haga sus planes de promoción, cada vez más escasos y cada vez más ineficaces, sobre todo ante la constatación de que cada vez hay más personas que prefieren otros destinos. Pero algunos estudiosos de las matemáticas no están dispuestos a que la realidad les estropee una buena ecuación y un bello gráfico con la flecha de tendencia apuntando al cielo, bien arriba y algo a la derecha. Gastan más dinero que nunca, pero cada vez es más evidente el fracaso promocional de Canarias en general, consiguiendo lo que sólo los más mal pensados imaginaron, que sólo conjugara el “más” Tenerife y para el resto apareciera el “menos”. Son las matemáticas, que como el algodón no engañan, aunque puedan ayudar a manipular votantes. Ni más, mi menos.






 

 

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