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22/12/2005 - CanariasLiberal.org
Las barbaridades de Joseph Stiglitz

LAS BARBARIDADES DE JOSEPH STIGLITZ
Santos Mercado

Estoy seguro que Joseph Stiglitz es un hombre lleno de cualidades: es
un excelente padre de familia, esposo amoroso, hombre muy trabajador,
nunca falta a sus clases...lástima que la ciencia económica no sea su
fuerte.

Sin embargo, ganó el Premio Nóbel de Economía recientemente (2001),
lo que solo demuestra que en el consejo de Nobel hay hombres bastante
miopes o izquierdistas disfrazados. Hay que reconocer que Stiglitz es
muy popular en casi todas las universidades norteamericanas. En
México, se le adora en aquellas universidades que se distinguen por
mantener una ideología marxista (UNAM, Anáhuac, ESE-IPN, UAM, etc.) Y
es que Stiglitz es algo así como la versión moderna del viejo
keynesianismo. No esconde su admiración y respeto por “las grandes
enseñanzas de Lord Keynes.

Mediante un gran esfuerzo para encontrar puntos de coincidencia entre
mis ideas y las de Joseph Stiglitz quizás podría decir que comparto su
crítica al Fondo Monetario Internacional (FMI). Stiglitz señala las
políticas aberrantes, equivocadas y depredadoras del FMI. En esto
estoy totalmente de acuerdo.

Recordemos que el FMI nació en 1944 y que el autor intelectual fue
precisamente el viejo maestro de Stiglitz. En efecto, el FMI fue un
engendro keynesiano surgido de la Conferencia de Bretton Woods en
1944, supuestamente para ayudar a los países cuyos pagos
internacionales estaban temporalmente fuera de equilibrio.

El FMI no es otra cosa que una burocracia internacional cuya “ayuda”
monetaria a los gobiernos solo ha contribuido a extender el estatismo
(socialismo) y, por lo tanto, a aumentar espantosamente la corrupción
gubernamental en casi todos los países que reciben “ayuda” del FMI.
Los funcionarios dispusieron a tontas y a locas de los recursos para
hacer proyectos que solo en sus cabezas calenturientas tenían
justificación. Por supuesto, muchos de esos recursos quedaban
finalmente en las cuentas bancarias de los gobernantes, en bancos
suizos, americanos, etc. En la crítica estoy de acuerdo, más no en las
conclusiones.

Mientras Stiglitz dice que el FMI debe cambiar sus políticas y hacer
lo que dice Stiglitz que se debe hacer, mi conclusión es que esa
burocracia debe desaparecer de inmediato. ¿Por qué concluimos
diferente? Porque Stiglitz es un keynesiano que venera al Estado. Es
de los economistas que creen que las burocracias son omnipotentes,
omniscientes, casi dioses que pueden resolver lo que el mercado no
puede.

Y ya que hablamos del mercado ¿Cuál es la visión de Stiglitz acerca de
los mercados? Bueno, me atrevo a sugerir que Stiglitz, no entiende lo
que son los mercados, ni la función de los precios, ni el papel de la
competencia. Para muestra, un botón. Stiglitz se lanza a criticar la
apertura financiera, “fuente de la pobreza de los paises que la
aplicaron”. Es decir, la política de dejar que los capitales circulen
libremente, de un país a otro sin que estén sujetos a restricciones
gubernamentales, sin impuestos.

Según Stiglitz, es aceptable cuando llega capital con el fin de
establecer industria de largo plazo porque genera trabajo mas o menos
estable. Pero a Stiglitz no le gustan nada los “capitales golondrinos”
que solo llegan a buscar ganancias rápidas y se van. Francamente me
conmociona ver por qué Stiglitz no entiende este fenómeno y peor aún
su actitud de criticar a estos “capitalistas de corto plazo”. Trataré
explicar en pocas palabras.

Ciertamente el capital que llega a un país, siempre llega con la
intención de hacer ganancias. Sería muy torpe pensar que el
capital “bueno” es aquel que persigue pérdidas. Pero la lógica del
capital, es que éste solo puede hacer ganancias si es capaz de brindar
algún producto o servicio que responda a las necesidades de la gente.
Aquel capitalista que hiciere productos que nadie desea, simplemente
se muere en poco tiempo. Así que, de manera natural, el capital que
llega necesariamente enriquece a la sociedad, ya sea porque da empleo,
porque da servicios, porque elabora productos, porque compra materia
prima y con ello genera un arrastre económico indirecto.

Cuando los empresarios ven buenas oportunidades de seguir creciendo y
no tienen más dinero, lo que hacen es conseguirlo prestado o emiten
acciones para que otros ciudadanos participen del proyecto, con todo
el riesgo que ello implica.

Una acción emitida por X empresa puede ser colocada a cien pesos,
digamos, en el mercado primario. Una vez que la empresa coloca esa
acción, es decir, cuando alguien la compra, la empresa ya tiene en sus
manos el recurso y un compromiso para que dentro de un año, digamos,
el portador de la acción acuda ante la empresa y reclame la ganancia o
pérdida que le corresponde a su documento.

Si esa acción de cien pesos ganó tres pesos, el portador recibirá 103
pesos y cuento concluido. Ahora bien, la acción que fue comprada por
alguien, puede pasar por dos, tres, cien o mil manos antes de que se
cumpla el plazo de acudir a las puertas de la empresa. Es decir, esa
acción puede penetrar a un mercado especulativo como si fuera
cualquier mercancía. El que la compró en cien pesos logra venderla en
101, este en ciento cinco, aquel en 200, otro en trescientos, etc.
Pero estos precios no tienen ningún efecto sobre los recursos de la
empresa. Bien puede ocurrir que el último comprador la adquiera en mil
pesos a tan solo dos minutos antes de que acuda a la empresa para
reclamar ganancias. Cuando lo hace, se dará cuanta que solo le van a
dar 103 pesos. ¿Quiénes perdieron? La empresa no, los clientes de la
empresa, tampoco; los proveedores de la empresa, menos; los vendedores intermedio, ni se enteran. El único que perdió es el último
especulador. Pero perdió por tonto, por desinformado y nadie lo debe
salvar.

Ese es el mercado especulativo, como cualquier otro mercado. ¿Qué si
es legítimo que funcione? Es tan legítimo como el derecho que cada uno
tiene de vender lo que es de su propiedad. Por otro lado, no podemos
pedirle que los especuladores no busquen ganancias “fáciles y rápidas”
están en su derecho.

Pero, si lo que a Stiglitz le preocupa es que se lleven sus ganancias
al extranjero. Primero, le tendríamos que preguntar por que Stiglitz
se siente con el derecho de coartar la libertad de los individuos
para hacer de su propiedad lo que les dé la gana. En segundo lugar,
antes de condenar a los especuladores, debería Stiglitz preocuparse
por mirar las reglas torpes que ponen las burocracias gubernamentales
y que inducen a la gente a protegerse en otros cielos. Finalmente, me
atrevo a sugerir que Joseph Stiglitz es un perverso comunista que
igual que Keynes, Soros, Krugman, Galbraith, etc. engaña a los
incautos diciendo que “para salvar al capitalismo, el Estado debe
tomar el control de la economía” tal como lo sugirió en su tiempo el
trasnochado keynesianismo.

En otras palabras, para salvar al capitalismo, hay que hacernos
comunistas.
Por supuesto, Stiglitz ha sido suficientemente hábil para no
desenmascararse tan rápido, que hasta los incautos le dieron el Premio
Nobel.
_________________
Las ideas tienen consecuencias


Original en Santos Mercado , con autorización de su autor

 

 

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