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06/08/2005 - CanariasLiberal.org
Dignidad y democracia en el lenguaje

Dignidad y Democracia en el lenguaje

Hace un par de días me quedé atónito delante de la pantalla del teletexto cuando, para ver cuales eran las últimas novedades del alzamiento que está teniendo lugar en Mauritania, me di de bruces con una de esas paradojas semánticas que aún hoy, increíblemente, se estilan.

La sorpresa mayúscula vino dada por el anuncio de la creación de un Consejo Militar para la Justicia y la Democracia -términos que en España sabemos muy bien que suelen ser antagónicos- para la reimplantación del orden en este país africano.

Las primeras connotaciones de “Consejo Militar” que se me vinieron a la cabeza, con todo el respeto que hay que profesar una Institución como el Ejército en un Estado de Derecho, son las de ejecuciones sumarísimas, purgas, represión… Algo que a todas luces dista mucho de la concepción occidental de Justicia y Democracia.

Y esta reflexión viene a cuento de la utilización de las palabras con una determinada intencionalidad política y la manipulación de los términos, especialmente en los medios de comunicación, por parte de grupos levantiscos, minoritarios, antisociales, o secesionistas.

Términos como “dignidad”, “democracia”, “Justicia”, o “libertad” son utilizados hasta la saciedad. Se manosean, tergiversan y degradan hasta que quedan vacíos de significado; hasta que pierden toda connotación noble e ideal, que es a fin de cuentas lo que aún las sustenta en nuestro sistema lingüístico. Estamos demasiado acostumbrados a ver estas palabras en las pancartas con las que se escudan políticos, movimientos sociales, grupos terroristas, movimientos ciudadanos y un sinfín de colectivos más.

Como siempre, generalizar no es bueno. Pero son tantas las veces que se usan de forma gratuita estas palabras que los ciudadanos de a pie nos hemos inmunizado contra cualquier emoción que pudieran suscitar. El significado profundo, tan manoseado, se arruga y se tira al contenedor que tenemos detrás del aparato parasimpático con la misma facilidad que se tira un moquero de papel en la cesta de debajo del escritorio.

Por ejemplo, en Tenerife un embrión de partido político (el pueblo chicharrero ha roto aguas; no sabemos si es niño o niña, pero viene la criatura) para las elecciones municipales de 2007, que desde finales de mayo y hasta el 27 de noviembre próximo–fecha fetiche de la formación futura –ha organizado una serie de marchas y eventos, se ha apropiado de las palabras “dignidad” y “democracia” para lucir estampado en su emblema y aprovechar el impacto populista de los mismos.

Al igual que el agua, sus amigos ecologistas se lo podrán confirmar, los valores que semánticamente representan estas palabras se están convirtiendo en un bien escaso. Todos deberíamos ser conscientes de con su uso gratuito y desconsiderado estamos agotando un recurso con fecha de caducidad.

Si en esta isla se ponen estas “medallas” en el pecho, y en la pancarta, y luego no predican con el ejemplo (encararse con funcionarios de limpieza y orden que cumplen su trabajo no es digno ni democrático), si sólo son capaces de predicar y arengar desde Radio Guancheabertzale entonces es cuando realmente tendremos una isla de cemento. Una ínsula de corazones de cemento.

Fernando Guanarteme

(de verano)

 

 

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