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14/07/2005 - Gabriel Calzada
Soplan buenos vientos

SOPLAN BUENOS VIENTOS

GABRIEL CALZADA

El intento de convertir la reunión del G-8 en un paso histérico hacia la planificación y el racionamiento energético ha fracasado estrepitosamente. De hecho parece que en Gleneagles ha triunfado la posición de los EE.UU. sobre la cuestión del calentamiento global, más racional, más respetuosa con la libertad individual y más preocupada por el bienestar de los seres humanos que la obsesiva postura intervencionista de la Unión Europea.

En la declaración final de la reunión de Escocia los 8 se han limitado a suscribir que el necesario uso de los combustibles fósiles contribuye en gran medida al incremento de gases efecto invernadero que se consideran asociados en alguna medida con el calentamiento de la superficie de la tierra. Ahora bien, acto y seguido afirman que existen incertidumbres científicas en la ciencia climática. Por lo tanto, a lo único que se comprometen, y de manera vaga, es a intentar reducir la emisión de gases en algún momento del futuro. La idea de EE.UU. es no hacer nada que limite el crecimiento económico porque éste será el que traiga la llave que permitirá abrir el cajón de las soluciones energéticas al problema climático (en la medida en que éste realmente exista).

El resto del texto lo componen un montón de llamamientos a la cooperación internacional en materia energética y tecnológica y a señalar correctamente el dantesco problema de los 2.000 millones de personas que no tienen acceso a modernos servicios energéticos. Así que los 8 se comprometen a trabajar con organizaciones como la Agencia Internacional de la Energía (IEA) para buscar soluciones tecnológicas y económicas al verdadero problema, el de la energía.

Kyoto, el protocolo salvaje al que algunos aspiraban a meter a empujones a USA, sólo se cita de forma tragicómica cuando se dice que “quienes hemos ratificado Kyoto celebramos su puesta en marcha y trabajaremos para que sea un éxito.” Prestidigitación será lo que necesitarán para convertir en éxito lo que hasta ahora no es más que un costosísimo fracaso.

Blair y el séquito de políticos embarcados en la cruzada ecologista llegaron a la reunión de Gleneagles sin casi opciones. Bastó con que la realidad económica, científica y política se hiciera un pequeño hueco mediático para que pareciera como si las habituales altas temperaturas del verano diluyesen los planteamientos de los ecologistas radicales y demás defensores del Protocolo de Kyoto.

El martes 5 de julio, la BBC se hizo eco del resultado de una larga investigación científica que ha demostrado la debilidad de uno de los principales argumentos sobre los que se asienta los trabajos del IPCC. Se trata de la refutación de la teoría del palo de hockey según la cual no se han conocido incrementos en las temperaturas medias como las actuales en muchos miles de años. Sin embargo, un equipo de científicos europeos de la Academia de las Ciencias de Heidelberg y de la Universidad de Innsbruck ha probado gracias al estudio de una estalactita hallada en una cueva de los Alpes que entre el año 800 y el 1300 la tierra sufrió un fuerte calentamiento. En sus conclusiones, publicadas en el Earth and Planetary Science Letters, los científicos sugieren que el calentamiento global es un proceso natural.

Al día siguiente el Comité de asuntos económicos de la Cámara de los Lores, una de las instituciones más prestigiosas y respetadas del Reino Unido, emitió un informe demoledor contra el Protocolo de Kyoto y la política que en este asunto ha seguido el gobierno de Tony Blair. Entre otras aseveraciones interesantes el informe afirma que el Protocolo de Kyoto es un error y que no reducirá el calentamiento; que el coste de este protocolo y de otras políticas relacionadas con el cambio climático no ha sido tenido en cuenta; que ni siquiera se ha considerado la posibilidad de adaptarse al cambio climático; que ni las incertidumbres científicas ni los efectos beneficiosos del cambio climático han sido consideradas por su gobierno; que existe una preocupación acerca de la falta de objetividad de las actividades del IPCC así como de los escenarios en los que fundamenta sus recomendaciones; que su gobierno debe reconsiderar su política energética y climática reemplazando las equívocas afirmaciones sobre energías renovables y eficiencia energética al tiempo que se potencia la energía nuclear; y que en el Reino Unido se necesitan estrategias alternativas a Kyoto en materia de energía y cambio climático.

A la vista de estos hechos no es de extrañar que en Escocia la sensatez se haya impuesto en materia medioambiental. Por el bien de la libertad individual, del medio ambiente y de desarrollo económico, esperemos que sigan soplando buenos vientos para la cordura política y que el calor del verano termine de derretir la demagogia ecologista en torno al cambio climático.


Gabriel Calzada Álvarez es representante del CNE para España y presidente de Instituto Juan de Mariana

Artículo publicado en Libertad Digital. Con conocimiento de su autor

 

 

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