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13/05/2005 - Alberto Mansueti
Se buscan categorías metafísicas

CATEGORÍAS METAFÍSICAS SE BUSCAN
Perdidas hace siglos. Hay recompensa.


Alberto Mansueti

¿Por qué languidecen las ideas de libre mercado y Gobierno limitado? Porque la gente va confundida -y mucho- acerca de la realidad y su comprensión objetiva. El liberalismo levantará cabeza sólo el día que se entere y entienda que su suerte es inseparable con la del realismo metafísico -de cuño aristotélico-, y se decida a reivindicarlo; pero sin enmiendas, quitas u omisiones. Y cuando al día siguiente, rompa con malas juntas filosóficas que le acompañan desde el s. XVIII: ultraempiricismo, racionalismo, Iluminismo, kantismo, positivismo, utilitarismo, evolucionismo, romanticismo, conductismo, etc.

Este ensayo sobre las lamentables consecuencias de la falta de realismo metafísico no es apto para relativistas, agnósticos o escépticos en materia de conocimientos ciertos y verdaderos. Están avisados.



PARTE I: CONFUSIONES

¿Ha notado Ud. cómo la gente se confunde? Y sin saberlo. Los conceptos verdaderos de libertad, democracia, ley, orden, bien común, instituciones privadas y Gobierno en sus sentidos propios, se han perdido completamente. O pervertido. Vea no más estos casos:


1.- Libertad. Para un (mal) ejemplo, comencemos por ahí. La libertad es mal entendida o rechazada. Se acepta entendida mal, como ausencia de necesidad, como poder hacer la voluntad lo que le antoja, sin límites; lo cual es necio, porque todos querríamos ser amados, ricos, educados, sanos, y vivir muchos años o para siempre o algo así ... y en lo posible a costa de los demás! Pero en principio no podemos, por naturaleza; y no por ello no somos libres, o lo somos menos.

Se rechaza en cambio la libertad entendida bien, como ausencia de coacción o restricción externa arbitrariamente impuesta, para autodeterminarse cada cual, pero dentro de la naturaleza y condición propias, y respetando igual derecho en los demás.

2.- Democracia. Se confunde libertad con democracia: la facultad de cada quien para decidir en sus asuntos propios -trabajo, finanzas, economía, educación, salud, matrimonio y familia-, eso es libertad, se solapa y confunde con el derecho a participar micronésimamente en la decisión colegiada acerca de ... ¡esos mismos asuntos propios!, previamente colectivizados y estatizados. Eso es democracia -“estatocracia” la llamó Bertrand de Jouvenel-; al menos en su forma ilimitada, la que conocemos hoy, según la cual todo puede someterse a votación y “resolverse” por mayoría, incluyendo los verdaderos derechos naturales a a vida, propiedad y libertad, y sus hoy muy restringidas condiciones de ejercicio.

3.- Libertad de expresión. También se entendió sólo como derecho a decir uno lo que le viene en gana, sin atención alguna por la verdad objetiva; y así como tal se acepta, sin más aditamento o cualificación.

4.- Ley. La ley ya no es más la regla de costumbre justa inveterada, declarada obligante como tal por un legislador al que preexiste. Ahora se trata como “Ley” cualquier mandato de un Parlamento, sin consideración alguna a si es o justo o injusto; racional o irracional. Así es como desde hace muchos años se nos aparecen lluvias de leyes injustas e irracionales, que destruyen los tejidos sociales naturales, constituidos por relaciones interpersonales espontáneas: familiares, amicales, económicas, educativas, de afinidad en las creencias, etc.

5.- Familia, empresa, escuela e instituciones privadas. Se encuentran amenazadas, entre varios peligros ciertos y presentes, por otra confusión, que aqueja a los concepto de bien común y orden.

La disposición de muchas cosas para un fin común es sin duda el orden. Y el fin común de la sociedad es su bien general; y para eso el Gobierno es necesario. Pero el Gobierno no es el solo dueño ni el único factor del fin o bien común de la sociedad. Porque cumpliendo sus funciones respectivas, la familia, la empresa, la escuela, y otras instituciones igualmente privadas -aunque hoy en vías de destrucción o colectivización-, contribuyen al bien común; y tanto o más que los Gobiernos, con el cual fin general ellos quieren identificarse exclusivamente, y a las particulares identiifcar con un fin o bien egoísta o parcial. Esto se llama manipular las creencias con el objeto de incrementar la extensión y profundidad del poder.

6.- Gobierno limitado. Lo primero que se perdió fue el concepto; que por allí se empieza. Y es que por la naturaleza esencialmente represiva de todo Gobierno -monopolio legal de la fuerza-, su contribución al bien común sólo puede ser administrar justicia, atender a la defensa común, construir ciertas obras públicas como caminos, diques y puentes, y nada más. Pero hoy los Gobiernos carecen de límites, comenzando por los conceptuales; y fuera de sus límites, el Gobierno es más estorbo que ayuda al bien común. ¿Por qué? Bueno, porque sus rasgos propios -impuestos por su aturaleza- de uniformidad, formalismo, y jerarquía centralizada, aptos y adecuados en el desempeño de sus tareas específicas, una vez en ejercicio de funciones donde la fuerza no es necesaria -educar, curar, orientar o divertir- se convierten en torpes impedimentos. Y ocasiones de innumerables ineficiencias, despilfarros y robos.

7.- La llamada “subsidiariedad” del Estado. La tesis se expone en una manera confusa y confundiente. Se dice que el Estado actúa de forma “subsidiaria” respecto al mercado, haciendo lo que éste no puede; así se costean con impuestos bienes y servicios para las cuales no hay suficientes consumidores y usuarios dispuestos a financiar con precios. A nadie inquietan las preguntas pertinentes: ¿qué es lo que el mercado no puede? ¿Cómo y quiénes sostienen cada actividad al margen del mercado?

8.- Gobierno y Estado. Siempre aparecen igualmente confundidos. Aunque el Gobierno es sólo la cabeza del Estado o cuerpo político, la primera expresión fue reemplazada por la segunda, en una serie de cambios semánticos de cuño totalitario, que nos impuso a todos una terminología colectivista. Pero en lugar de seguir multiplicando los ejemplos, que los hay por montones, mejor hinquemos el diente en el meollo del asunto ...


PARTE II: DESINTEGRACIONES, RUPTURAS, DESCOMPOSICIONES Y DESAPARICIONES

Los cambios en las palabras reflejan cambios conceptuales, en la manera como se entienden (o malentienden) las cosas. Y es que las cosas no mudan su naturaleza, jamás; mas sí cambian su significación -y bastante-, los conceptos y palabras que deben reflejarlas. Y es de lamentar, en un sentido cada vez menos acorde con su realidad.

¿Por qué tanta confusión? Porque se perdió el realismo metafísico, marco de referencia común para pensar con orden y verdad, y corregir desaciertos y desafueros. Su desaparición fue paso a paso.

Comenzó por ser considerado el realismo metafísico como sólo una corriente o escuela de pensamiento entre otras, y eso a partir del Renacimiento. Posteriormente fue siendo eclipsado por las “otras”, y relegado cada vez más -desde la Revolución Francesa-, hasta olvidarse por completo. Desapareció primero de las carreras de Filosofía y Ciencias humanísticas. Y después, su positiva influencia desapareció, “progresivamente” (¿?) -mejor gradualmente, que no es lo mismo-, del bachillerato, de la escuela elemental, de la religión; y por último, de la prensa y opinión pública.

Aunque a distancia en el tiempo, muchas y muy graves son las consecuencias de su falta, y se dejan sentir en todas las esferas. Trataremos de resumirlas. Pero prepárese, poque anotamos como quince (15).


1.- Pérdida de los conceptos elementales para entender la realidad. El antiguo realismo metafísico se expresaba en el conjunto armónico de instrumentos conceptuales y analíticos indispensables para la comprensión objetiva de la realidad. Es decir, las categorías metafísicas, o propiedades de las cosas que son inteligibles más allá del orden sensible: causa, efecto, sustancia, accidente, modo, fin, etc.

¿Quién se acuerda hoy de la “querella de los universales”? Una controversia medieval sin importancia, se dirá, “metafísica”, en sentido despectivo. Sin embargo, terminó muy mal. Se perdió aquella visión aristotélica de “la analogía del ser”; y por eso no se entiende aún hoy p. ej. que el ser de la sociedad no es el mismo de la persona individual. Ese resultado determinó nada menos que “la sociedad”, “la Nación” y “el Estado” sean hoy en día tratados como realidades, con entidad propia y status ontológico ni siquiera igual sino mayor que la persona individual. Y por eso se reclama legítimo y exigible el sacrificio del individuo y las comunidades naturales en el altar del “Gran Ser” o sujeto colectivo Estado.

Pero estas cosas no se ven claras, porque las categorías metafísicas fueron liquidadas posteriormente, asesinadas a mansalva. P. ej. el concepto de causa, que el filósofo inglés David Hume -s. XVIII- se empeñó en destruir, como si las cosas no tuviesen causas ni efectos (cuando la palabra “cosa”, procede precisamente de “causa”). Después de Hume vino Kant, y terminó de demoler esos conceptos, y todos los de su género: naturaleza, esencia, forma, acto y potencia, sustancia y accidentes, orden y modo, etc. Nociones y vocablos que ahora carecen de sus contenidos precisos; y de los cuales significados no queda ya ni el recuerdo. Tal es la principal razón por la cual la gente piensa de maneras cada vez menos claras y menos realistas, y en su ignorancia cae víctima de las ilusiones taumatúrgicas de los jefes y expositores colectivistas.

Es más, Kant decretó imposible la Metafísica: el saber acerca del ser y de la realidad en general. Esa disciplina -la Metafísica- era el hogar y domicilio de residencia natural del realismo; y cuando Kant y sus seguidores la demolieron sin piedad, se procedió al desalojo inmediato del realismo, sin más trámite. De este modo la otrora parte primera, medular y más gruesa de la Filosofía -y más amigable y servicial-, fue tratada como inútil antigualla medieval, típica de la “Edad Oscura”, impropia de los “tiempos modernos” de la ciencia y el progreso.

2.- En consecuencia, a la gente le falta la estructura conceptual para comprender las cosas, incluso las más vitales, críticas y determinantes para su nivel de vida y hasta su vida. ¿No le parece trágico? A esto agreguemos los otros factores que no inclinan a investigar y propenden a la ignorancia semi-culpable: el Estado con impuestos y reglamentos exige a la gente trabajar y agotarse largas y extenuantes jornadas extraordinarias, las “diversiones” enajenantes, y la natural pereza que a todos nos aqueja. (¿O a Ud. no?)

El más importante y básico de los conceptos metafísicos perdidos fue el de “naturaleza”: configuración y contenido propios de cada cosa, según su especie y género. La naturaleza de algo no se puede violentar impunemente sino con grandes costos. En otras palabras, su “forma”, que no es secundaria o sin importancia, e implica un conjunto de potencialidades; por eso es imposible “transformar” o convertir una cosa en otra si no tiene la “potencia” o capacidad para ello.

Así el Gobierno tiene una naturaleza -represiva-, de la cual nadie puede sacarlo, so pena de infligir graves desórdenes, males y sufrimientos a la sociedad. Por su naturaleza el Gobierno es juez, alguacil, policía y soldado. Así que más vale se use para eso. Por más que se quiera, no puede hacerse el Gobierno comerciante, industrial, agricultor, maestro, médico, artista y hermanita de la caridad; y si se intenta, va a haber mucho problema. Pero, ¿cuando y cómo se va a entender esto si le falta el concepto de “naturaleza”?

Los fines, causas, formas y modos de las cosas, son sus determinantes “metafísicos” -más allá de sus características sensibles, palpables y observables-; no son por ello menos reales. Y la naturaleza de algo, en tanto objeto de conocimiento, es su inseparable “esencia”, otro concepto metafísico fundamental, que adhiere el realismo a la razón, o facultad para entender las cosas como son realmente, y guía del conocimiento cierto, cuando rectamente usada.

3.- La realidad quedó divorciada del pensamiento y el lenguaje, y éstos entre sí. Demasiadas veces se habla y se escribe hoy sin lógica, sin sentido, y hasta sin gramática. Eso es precisamente así porque se perdieron los conceptos realistas, que se reflejaban naturalmente en el pensamiento y el lenguaje.

Mientras duró la influencia del realismo en la forma de pensar, hablar y escribir de la gente en general, la inteligencia reflejaba la realidad -con la lógica al control-; y la expresaba mediante una sintaxis correspondiente. Y esto de modo natural, tanto en la persona culta, como en la iletrada, en su caso con conceptos y palabras más sencillas. P. ej. un ser, sustancia o ente -cualquier cosa que existe-, podía ser objeto de conocimiento, y a la vez sujeto lógico, de una proposición. Y sujeto gramatical, de una oración. Y sus categorías predicables -acción, cualidad, cantidad, tiempo, lugar, etc.- daban lugar a las otras categorías gramaticales: verbo, adjetivo, adverbio, complemento, etc.

Todas estas buenas relaciones se cortaron. La realidad se hizo entonces más ardua de aprehender en conceptos racionales, y de expresar de modo adecuado. Las cosas se hicieron más difíciles de entender, y se recurrió a la cortina de humo del palabrerío a la moda para disfrazar la ignorancia y el desconcierto.

Y ahora la racionalidad ya no sirve como instrumento confiable de evaluación y control de acciones, personas e instituciones; la política y demás facetas del comportamiento práctico perdieron asiento racional firme, las emociones desbocadas predominan, y el lenguaje sirve para incomunicarse.

4.- El despelote filosófico. Me dirá Ud. ¿Qué importancia tiene lo que piensen los filósofos? Muchísima, porque con el tiempo sus ideas y mensajes se van filtrando a la gente, mediante la educación, los medios comunicacionales, la religión y el entretenimiento.

El realismo filosófico era completo y muy equilibrado: a todos y a cada uno de los elementos de la realidad correspondía su concepto o correlato en el pensamiento y lenguaje.

Al faltar el realismo, cada filósofo cogió un concepto con exclusión o menosprecio de los demás, e hizo facción propia. La Filosofía se quebró a lo largo de una serie interminable de dicotomías falsas: lo particular vs. lo universal; sentidos vs. razón; materia vs. espíritu; naturaleza vs. libertad; ser vs. existir. En sus respectivas ramas, se enfrentaron nominalistas y universalistas, empiristas y racionalistas, materialistas contra espiritualistas e idealistas, deterministas y mecanicistas contra voluntaristas y librealbedristas absolutos ... ¡Hasta combatieron los fanáticos del ser y del existir (esencialistas y existencialistas)!

Cada profesor inventó su sistema propio. Qué locura, ¿no? Es como si en Medicina quitasen la Anatomía, y los partidarios de la vista enfrentasen a los del oído, los de las piernas a los “bracistas” (incondicionales de los brazos), y así.

La Filosofía se redujo a su accidentada historia posterior, esa aburrida “Galería de Héroes”: lo que pensaba Fulano, y Zutano, y si Mengano siguió a éste o al otro. Sin Metafísica, la Filosofía se hizo cosa esotérica y aburridora, y aparentemente nimia y quisquillosa. Hubo que despacharla de los estudios medios y superiores. La atención se centró en sus abstrusas “teorías del conocimiento” como casi único tema, algunas de lo más estrafalarias. De hecho ciertos “sistemas” filosóficos daban risa ...

Hasta que pese a su aparente inofensividad, de ellos dedujeron ciertas conclusiones que desataron extrema violencia en muchos países, con sangrientas revoluciones, guillotinas y paredones, bombas y morteros, y guerras brutales con asesinatos masivos, tipo industrial (cámaras de gas). Eso no fue para reír. Y pasó dos veces en el siglo XX.

5.- Desconfianza en la razón y hasta en la realidad. Sin reducir la filosofía a la teoría del conocimiento, el realismo enseñaba que es posible conocer objetivamente las realidades. Que en tanto son, en un sentido general son verdaderas y son buenas.

Pero las guerras filosóficas, y las otras, suscitaron relativismo, escepticismo, subjetivismo, utilitarismo, “positivismo”, pragmatismo; “ismos” que tenían en común su descreimiento en la capacidad humana de conocer objetivamente y en esencia la realidad, ¡y hasta en la realidad misma, los idealistas extremos! Los existencialistas creyeron en la realidad, pero como algo amenazante y angustiante.

Las bellas artes se hicieron cada vez menos realistas, y menos bellas: se llamaban “realistas” para exponer unilateralmente sólo las partes más feas y degradadas de la realidad! El término fue devaluado. Política “realista” se hizo sinónimo de su parte más vil y sucia. Y Filosofía “realista” se hizo equivaler a cualquier visión avinagrada y amargada, corrientemente esgrimida para justificar alguna inmoralidad. Consecuencia:

6.- Pesimismo generalizado, que hoy tratan de remediar con un pensamiento “positivo” irrealista-voluntarista, y escapista. Y con las ilusiones del “mundo feliz” sometido al colectivismo estatista, ingenuamente confiado en el Gobierno de turno ... o protestando furiosamente contra el mismo, y desgañitandose en procura del siguiente.

En cambio el realismo era sanamente optimista, juzgando al mundo apto para ser conocido, y al hombre capaz para conocerle. Incluyendo el mundo de la economía y los negocios, demandas y ofertas, ganancias y pérdidas.

¿Cómo conocer sin engañarse? Los realistas enseñaron que la persona parte de informaciones procedentes de sus cinco sentidos externos (vista, olfato, oído, tacto y gusto); las combina mediante sus cuatro sentidos internos (conciencia, memoria, imaginación y estimativa); y las trata con sus facultades cognitivas o intelectuales, formando conceptos, juicios y razonamientos.

Pero hoy ya nadie habla p. ej. de “estimativa” o “sentidos internos”. Tampoco del “entendimiento receptivo”.

7.- Olvido de los principios fundamentales del saber. Entre otros, los siguientes:

-- El entendimiento humano tiene antes que nada su potencia “receptiva”, para reflejar en la inteligencia las cosas y sus cualidades, tal cual son objetivamente; y para abstraerlas mentalmente tiene también su potencia activa, pero no para inventar las realidades a placer, como a cada quien le parece. Esa es función de la imaginación, la cual debe sujetarse con cuidado.

-- Podemos estar ciertos de los conocimientos adquiridos por evidencia, demostración, o testimonio de fuentes confiables. Porque las cosas ocurren de tal modo que pueden entenderse -principio de razón suficiente-, si se investigan con detenimiento y orden. Y si se somete la inteligencia a ciertas reglas de buen juicio, sobre el valor de las evidencias y testimonios, y sobre la lógica de los argumentos y demostraciones. ¡Así podemos controlar las emociones y sentimientos!

-- No es fácil el proceso de conocer, ni infalible el conocimiento, su resultado. Pero son básicamente confiables, si se tiene cautela, y los yerros y equívocos se corrigen y depuran lo suficiente.

-- Lo que no es posible es moldear las realidades a pura voluntad, de las personas o los Gobiernos, imaginando que son maleables, plásticas, o queriendo que sean distintas a como son. Por ello realismo es sinónimo de sensatez, razonabilidad. Lo que vulgarmente se entiende por “sentido común”, y equivale a cordura general. (Aunque técnicamente la expresión significa otra cosa, más cercana a la conciencia.)

8.- Los conocimientos quedaron sin garantías. Comprenderá Ud. que sin principios como estos, nadie puede estar seguro de los conocimientos, y las discusiones no salen de las puras opiniones subjetivas -aunque masivamente difundidas-, sin asidero o fundamento sólido, o defendidas con la sola fuerza de una “fe” por entero irracional, ambas inconcluyentes. Sin estos principios tampoco se pueden corregir errores y desaciertos, ni los más descabellados, y cada quien queda “libre” de afirmar su disparate favorito. Y de imponerlo al resto de la gente, si tiene poder.

Comprenderá Ud. también el motivo por el cual estos principios fueron dejados de lado: porque aceptar que la inteligencia en parte es pasiva, no omnipotente, y que debe someterse y ser obediente, implica humildad. De hecho la verdad no es sino la humilde aceptación de la realidad. Y la humildad no es virtud frecuente entre intelectuales.

9.- La actividad intelectual quedó sin virtudes propias. Se perdieron las virtudes “noéticas” o intelectuales, indispensables para poder alcanzar la verdad:

-- El principio de no contradicción, pero como virtud, o “hábito continuo de recta conducta”. Era el primer principio de la razón especulativa: no contradecirse.
-- Sindéresis, o primer principio de la razón práctica: discernir entre lo bueno y lo malo, para hacer lo primero y evitar lo segundo.
-- Ciencia: conocer las cosas según sus causas eficientes; y ...
-- Sabiduría: ... por sus primeros principios y causas últimas.
-- Arte o técnica: aplicar las facultades racionales a la producción; y ...
-- Prudencia: ... al juicio práctico. La prudencia era virtud intelectual y al mismo tiempo ética: se contaba entre las cuatro virtudes cardinales de la moralidad, con la justicia, la fortaleza y la templanza. ¿Qué le parece ...?

10.- El despelote de las ciencias humanísticas. Sin la guía de una filosofía confiable, cayeron en brazos de las distintas y enemigas ideologías, diferentes deducciones y conclusiones morales, políticas, jurídicas y económicas de los sistemas filosóficos degenerados que se enfrentan.

Las ciencias todas fueron separadas arbitrariamente en humanas y naturales, culpa de la falsa dicotomía espíritu versus materia. Y las así llamadas “ciencias humanas” fueron sometidas a doble y contradictoria presión: parecerse a las otras, y a la vez ser diferentes. Lo que quedó de ellas no es ciencia, porque le falta exactitud en la medida; y tampoco es humano, al tratar estas “ciencias” a las personas como ratas, monos, o perros, como hacen respectivamente el conductismo, el evolucionismo y el pavlovismo. El colectivismo -nazismo o marxismo, que ambos vienen de Hegel, y éste de Kant-, combina las tres corrientes, considerandonos a la vez como ratas, monos y perros. Por eso nos tratan de modo tan salvaje, animal. Y el ambientalismo completa el círculo: vistas las personas como animales, quiere ver a los animales como personas.

11.- La economía: empobrecida y sin rumbo. Empobrecida como actividad, por los Gobiernos desbordados, que paradójicamente se toman para ellos todas las libertades económicas que niegan a los particulares. Los políticos estatistas acusan a los ricos de construir sus inmensas fortunas (a las que impropiamente califican de “poder económico”) explotando a los pobres, pero ellos edifican su inmenso poder en base a la explotación de todos, en exclusivo provecho y beneficio de ellos mismos, so pretexto de “redimir” a los más necesitados. ¡Y también se enriquecen muchísimo, pero a cuenta del poder del Estado!

Y sin rumbo quedó la Economía como ciencia, con la hegemonía de las corrientes positivistas y marxistas, que opacaron por completo a la Escuela austriana, piso científico del liberalismo económico. El contexto filosófico natural del austrianismo es la metafísica realista, que por desgracia no conocieron sus propios fundadores austríacos, de fines del s. XIX y comienzos del XX, desaparecido el realismo muy atrás en la historia. Para colmo, muchos liberales y supuestos liberales -en extenso listado, desde el empirista Locke (s. XVII) al hegeliano Fukuyama (s. XX)-, trataron de llenar el vacío filosófico con racionalismo, relativismo, escepticismo, utilitarismo, “positivismo”, evolucionismo, etc., todos “ismos” muy sospechosos, y para nada compatibles con el ser del liberalismo. Y los austrianos, es de lamentar, se pegaron a la corriente general.

Curiosamente, en estos bárbaros excesos terminaron unas tendencias nacidas con el Renacimiento y la Revolución Francesa, que se autodenominaron “humanistas”, y enfatizaron la generosidad, el altruismo y la buena voluntad como fundamentos de la civilización.

El realismo en cambio no es una filosofía antropocéntrica sino ontocéntrica: gira alrededor del ser, y se basa en la realidad, de la cual el hombre forma parte. Pero resulta que Dios también es parte de la realidad, y más importante que el hombre. Si Ud. hace una consideración completa de la realidad, desde la naturaleza mineral hasta la economía, no puede dejar a Dios afuera. Porque la realidad creada, las categorías que la conceptúan y sirven para inteligirla, y hasta el lenguaje que la expresa fielmente, le hablan a Ud. sin parar de su divino Creador.

Una de las razones por las cuales los pensadores iluministas (fines del s. XVIII) echaron por la borda definitivamente al realismo, fue que querían dejar a Dios fuera de la realidad. Le sacaron de Filosofía, de las ciencias -de todas-, y de la vida pública.

12.- La religión quedó sin racionalidad. Habiendo fracasado la Filosofía en su función orientadora sobre cómo pensar, y las ciencias del hombre, la Religión podría llegar en auxilio de la gente, de no haber sido previamente vaciada de racionalidad, despojo que hizo en el siglo XIX el romanticismo.

El romanticismo exaltó las emociones, sentimientos, instintos y pasiones, por encima de la razón, contribuyendo a la pérdida general del sentido de realidad. Su impacto sobre la religión fue tremendo y destructivo. En particular los idealistas alemanes sobre la religión cristiana.

Realismo y racionalidad no son incompatibles, ajenos ni lejanos a la Religión; y de hecho son parientes. La escolástica, máxima expresión del realismo filósófico, fue desarrollada en la Baja Edad Media -siglos XII al XV- por piadosos creyentes que no despreciaron el auxilio de la “luz natural” de la razón:
-- Moisés Maimónides, rabino judío (Rabbi Ibn Maimón);
-- San Alberto y Santo Tomás de Aquino -favor no confundir con Tomás el Apóstol-, cristianos ambos, católicos;
-- Al Kindi, Al Farabi, Avicena (Ibn Sina), Al Gazel (Al Gazzali) y Averroes (Ibn Rusd). No necesito decirle: muy devotos musulmanes, pero muy racionales, no fanáticos criminales como los actuales sicarios al servicio del estatismo “islámico” (= marxista disfrazado).
-- Felipe Melanchton, cristiano protestante del siglo XVI, siguió tras estos pasos.

Cristianos o no, todos los mencionados se apoyaron en el griego Aristóteles, un pagano de la Antigüedad, que hoy diríamos “deísta”. Y se ayudaron unos con otros en su actividad académica, que no era para “inventar” un sistema, sino para descubrir cómo las cosas son.

El Papa Juan Pablo II explicó de maravillas en su Encíclica “Fe y Razón”, que una y otra no se divorcian. E igual en sus escritos Monseñor Ratzinger, hoy Benedicto XVI. Pero este principio es típicamente realista, y hoy -aunque todavía se lee en algunos catecismos-, tampoco se aplica, por desgracia. La gente “posmoderna” no cree en la razón, aunque sí en las irracionales e idiotizantes religiones falsas de la “Nueva Era”!

13.- Y dejaron a Dios por fuera de la realidad. Si me apura se lo digo: sí, una consecuencia terrible de la desaparición del realismo metafísico es que Dios quedó considerado fuera de la realidad, y del cuadro general de los conceptos de hombre, sociedad, “Estado” y economía fundados en esas ciencias humanísticas pervertidas, a las cuales hoy todos recurren en busca de auxilio sin encontrarlo. Dios quedo fuera, y asimismo fueron desalojadas sus leyes, reveladas en la Santa Biblia, la cual manda p. ej. a los Gobiernos no salirse de sus límites, y a los ciudadanos ser razonables y no endiosar a los Gobiernos.

Es algo que los líderes religiosos no se permiten recordar hoy en público, porque la religión fue confinada a la vida privada y nada más, con prohibición expresa de salida. (En Francia, “cuna de las libertades”, el Gobierno pretende impedir el uso en público de distintivos religiosos ... de las religiones monoteístas, mas no de la astrología, brujería, oráculos, hechicería, espiritismo, animismo y demás cultos y religiones primitivas.)

¿Cómo evitar que los gobernantes se erijan en todopoderosos y muy altísimos, si el lugar de Dios en la sociedad queda vacío? Entonces vienen ellos y lo ocupan.

¿Es posible a la sociedad volver a la sensatez sin volver a Dios? Sí pero sería harto difícil. ¿Se va a poner todo el mundo a estudiar Filosofía, Economía y ciencia política, para descubrir racionalmente cada quien por su cuenta que es mejor un Gobierno limitado? (Deberían comenzar los economistas, periodistas y otros profesionales que se suponen especializados en esas materias ...) De la otra forma sería más viable. Pero la gente es muy obcecada; no quiere reconocer la autoridad de Dios, ni su Palabra, pese a lo razonable de su contenido.

Y si me pregunta ¿Es necesario ser creyente para ser realista?, le diré que no, pero ayuda. Por cierto, una filósofa atea, Ayn Rand, emprendió en el s. XX la titánica tarea de reconstruir el realismo sobre bases aristotélicas, para que el capitalismo liberal recuperase su apoyatura filosófica; pero con Dios fuera. Lo hizo, y ahí está su obra, que sólo es conocida y reverenciada por un diminuto círculo de fieles -una secta-, carente de difusión masiva siquiera en las Universidades. Y lo mismo pasa al liberalismo, por ahora fatalmente encadenado a extravagantes filosofías que le mantienen confinado y aislado, impotente e inofensivo.

Urge el rescate del realismo metafísico, al menos en las categorías fundamentales, para que la gente pueda volver a pensar normal y claramente. De otra manera, imposible.

14.- Fuera del sentido de trascendencia, Ley, Gobierno y autoridad humana se hacen inapelables y despóticas. Esto es o debería ser bastante obvio. Si Dios es declarado reliquia o recuerdo de una remota y superada Era de supersticiones, y se duda de Su Palabra, ¿ante cuál Autoridad Superior se puede recurrir de los dictámenes de Gobiernos y Parlamentos?

15.- La opinión pública quedó inerme, a merced de los ideólogos estatistas, los cuales llenaron de estatismo la mente de las personas. Y lo peor del caso no es lo que la gente ignora, sino lo que cree que sabe. Pero me quedo aquí, no sea que alguien se sienta ofendido. Y vamos rápidamente a ver qué puede hacerse.


PARTE III: CONEXIONES


Lenin escribió un opúsculo titulado “Los tres componentes del marxismo”, que festejaba a Marx por reunir en su sistema la filosofía alemana, por supuesto materialista e idealista; la economía política inglesa, Ricardo principalmente; y la política francesa, socialista claro está. Lenin tenía razón en cuanto a que tales son las fuentes en las que el marxismo abreva.

La llamada por las cátedras oficiales Economía política clásica (inglesa) nada tiene que ver con el liberalismo. Su natural pesimismo acerca de las leyes naturales del mercado, y su ceguera para el rol creativo del empresario, como asimismo para el de Dios como abundante proveedor de la Creación, le ponen en el camino de justificar no sólo la tropelía socialista, sino ya todos los colectivismos, como el engaño ecologista. Pero para eso la Economía “clasica” y el colectivismo necesitan como natural plataforma, una filosofía materialista; mas no groseramente versionada, a lo Helvetius y Feuerbach, sino envuelta en la bruma idealista colectivista de los kantianos alemanes: Fichte, Schelling y Hegel.

Si queremos, los liberales tenemos un Marx muy superior: Frederick Bastiat, su contemporáneo francés, escritor liberal cristiano (católico). O al menos su obra “La Ley” es comparable al Manifiesto Comunista, del mismo año 1848. Y sin más errores que Marx y Engels en la cuestión del valor, supera al socialista “científico” al menos en que sus tratados, más breves y digeribles, se inspiran en J.-B. Say y sus coterráneos los fisiócratas; y se dirigen a la comprensión popular de las que llamaba “armonías económicas”. Y acompañado, como no puede ser de otro modo, de la doctrina política de la Ley Natural -de rancios antecedentes en toda Europa, pero principalmente en España desde Alfonso el Sabio (s. XIII)-, Bastiat expone la justificación del Gobierno limitado, teorizado y practicado en Inglaterra al menos desde el Alfredo Magno (s. IX), quien declarara porciones enteras del libro bíblico de Deuteronomio como ley del país.

¿Y En cuál otra Filosofía iba a apoyarse Bastiat, sino en el realismo metafísico?




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