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13/05/2005 - CanariasLiberal.org
La oportunidad de la izquierda Canaria

La Izquierda Canaria

La izquierda de las Islas no parece diferir mucho de otras del solar patrio. En lo que si parece llevar ventaja es en la inoportunidad de sus planteamientos: valga el ejemplo de un buen amigo, Domingo Luis Hernández que publica hoy este "análisis" en el periódico La Opinión sobre un personajillo al que han trincado con las manos en la masa. ¡Oportuno el amigo!

George Galloway

Domingo-Luis Hernández

Imagino a la derecha española perdida en una terrible y molesta encrucijada después de las elecciones británicas del pasado jueves. Repitió la izquierda y eso no es bueno, pero... Como ocurre en España desde el 14-M, escupirán su rencor; dirán que lo que confirma la reelección de Blair es el efecto del 11-M sobre su fracaso electoral, es decir, los españoles somos idiotas, los británicos no. Dicho lo cual, podemos exigir responsabilidades por esa actitud reiterada, en tanto ya es hora de plantearnos una pregunta que es en sí una hipótesis. ¿Si los españoles hubiésemos aguantado los embustes y (como ellos dicen, no como creemos muchos) a pesar de todo hubieran ganado las elecciones, cómo hubiesen procedido, como Tony Blair, esto es, dando la cara, o como su adorado Aznar, esto es, cavando más en la fosa del engaño?

El ensayo contrapolítico del PP y las derramas de su vileza se amparan en la siguiente conclusión: Bush y Blair ganaron los comicios después de la guerra de Irak; Aznar, el tercero en las Azores (y no el tercero en el orden mundial), perdió. "Pueblo mal agradecido", dirán; "deshonor a la cumbre que nos aupó en la Tierra". Pero no se equivoquen los que oigan semejantes contrariedades. Vale volverse hacia ellos con datos para contravenir las desmesuras sectarias. Porque esas conclusiones son tan aberrantes como los patriotismos y demás consignas que dictan desde la oposición a quienes hoy nos gobiernan, porque se amparan en lo que sólo ellos creen saber: el desalojo ilícito del poder. Sea, entonces:

Primero: hubo pérdidas en el Partido Laborista por las actitudes y actuaciones de Tony Blair. Otra cosa es que el pragmatismo británico (más la torpeza y la insensatez de los conservadores) no se haya opuesto a una evidencia: fuera del marco de la guerra de Irak (y no lo disculpo), el Gobierno de Blair lo ha hecho bien, incluso muy bien, fundamentalmente en lo económico. Tanto es así que frente a los unos y los otros se produjo un hecho excepcional en la Gran Bretaña: The Times, el diario conservador por excelencia, pidió el voto para Blair. ¿A qué apunta la recomendación, a que el hijo del tory está haciendo bien su política, usa bien la máscara del laborismo? Lo dudo.
Segundo: sí ha habido una auténtica conmoción ideológica en Gran Bretaña en relación a las posturas de Blair y su alianza con Bush en la guerra contra Irak. La actriz Glenda Jakson es diputada por su oposición a la guerra, y no sólo por ser de izquierdas y laborista. Recordemos a los ministros que fueron de Blair, a las dimisiones de algunos de sus cuadros, a la polémica dentro del partido... Ocurre que el PP no está acostumbrado a semejantes recursos. Lo adecuado para ellos es que Blair se hubiese callado como Aznar, no hubiese salido a la calle para explicar su posición (que no salvo, insisto) como Aznar, se hubiese escudado en su mayoría y hubiese negado el debate político en la Cámara de los Comunes como Aznar en el Parlamento; que hubiese tocado arrebato (como Aznar) y exigido el prieta las filas en el Partido Laborista (como Aznar hizo en el PP). Es decir, un modo de democracia que pocos comprendemos.

Vale un ejemplo: George Galloway. Fue expulsado del Partido Laborista por su iracunda oposición a la alianza de Blair en el año 2003. En las elecciones del pasado jueves sumó 15.800 votos en un barrio del este de Londres. Por eso es diputado. Su partido se llama Respeto y ha robado un lugar al Partido Laborista en ese barrio tradicionalmente de izquierdas por un mensaje que conocemos: sacar lo antes posible las tropas británicas de Irak, en tanto las razones para esa guerra fueron una mentira y lo que se exige en las relaciones internacionales (y con los diferentes) es "respeto". El discurso de Galloway es directo y claro: "Blair tiene las manos manchadas con la sangre de miles de inocentes".
La guerra de Irak no sólo dividió a los británicos, por Blair dividió a los laboristas. Tanto que los resultados ponen en un brete al líder; sabe que su carrera política terminó, sabe que los británicos (pese a su pragmatismo) tampoco olvidan, sabe que acaso no termine su mandato y deba ceder el puesto a su sucesor. Eso es discusión ideológica, no lo que ocurre en el PP; eso es democracia, no dogmatismo caciquil.

Los hechos son los hechos y tienen nombre. Bush y Aznar son unos mentirosos. Al primero no le ha quedado más remedio que reconocerlo. Ésa será su estaca en la historia, pese a que indignamente su país no lo condene por farsante. Aznar huye de lo que fue como una comadreja y ata un discurso sin precedentes en la democracia española. Ésa será su doble estaca en la historia y ejemplo para lo que una actitud política no debe repetir. Blair está atrapado y también pagará en la historia por su posición. Pero Blair salió a la calle, abrió los foros de discusión política, peleó por su postura fuera y dentro del partido y dijo que (pese a todo) es posible que se haya equivocado...

Dignidad es llamar a las cosas por su nombre y actuar conforme a semejante convicción. Podemos asumir que el escudo de los sistemas es cada vez más impenetrable pero eso no nos priva de contraponer la razón. Por encima del enmascaramiento de la derecha española, siguen los no a la guerra; pese al atribulado Blair seguimos decepcionados por su actitud; por ella interpretamos que los gobiernos de la Gran Bretaña protegen la puerta de entrada y la intervención de EE UU en Europa, en la unidad europea, en la política común de defensa, en las relaciones exteriores... El estúpido sueño de Aznar es que él podía compartir esa monstruosidad; lo extraordinario es que el PP se lo crea, que sus mentiras nos puedan vender a su postor y que nosotros (los que aún llamamos a las cosas por su nombre) aplaudamos convencidos

 

 

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