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07/05/2005 - CanariasLiberal.org
Entrevista al Profesor Huerta de Soto

Pocas cosas pueden complacernos más que recomendar vivamente una entrevista publicada hace unas semanas en el periódico Libertad Digital. El entrevistado, el profesor Jesús Huerta de Soto, catedrático de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y al que se debe una auténtica nueva generación de liberales jóvenes españoles de una brillantez indubitable. El entrevistador José Carlos Rodríguez, logra estar a la altura de las circunstancias y conseguir una magnífica entrevista. La reproducimos completa con la autorización de su autor y del director de Libertad Digital, Javier Rubio.

¡Que la disfruten!


Por José Carlos Rodríguez

Jesús Huerta de Soto, catedrático de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos, es uno de los principales autores de la escuela austriaca de economía, fundada por Carl Menger y en la que destacan Ludwig von Mises o Friedrich A. Hayek. Se doctoró en Economía y en Derecho, recibió el Premio Juan Carlos I de Economía y es autor de numerosos libros y artículos.

Jesús Huerta de Soto ha recibido el premio Adam Smith otorgado por el think tank europeo CNE por su obra científica, de reconocimiento internacional. Recientemente ha ofrecido una conferencia en la serie La Revolución de la Libertad de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, con motivo del 15 aniversario del derribo del muro de Berlín. En esta entrevista con Libertad Digital hace un repaso por los principales retos del liberalismo en estos momentos, como la globalización, la lucha contra el terrorismo, o el papel del medio ambiente.

P. Profesor Huerta de Soto, una de las mayores amenazas contra el mundo libre es hoy el terrorismo. Pero en el pasado, y tras la II Guerra Mundial, la principal amenaza fue el comunismo. Le voy a preguntar por él, porque había dos posturas liberales que entendían de forma distinta cómo se debía librar la lucha contra el comunismo. Por un lado una abogaba por recurrir al Estado, aunque fuera a costa de unas libertades para salvar el resto, y la otra esperar a que el socialismo caiga por sí solo y concentrarse en defender las libertades en casa. ¿Por cuál se muestra usted más partidario?

R. La transición hacia una economía liberal plantea diferentes caminos. Y hay que distinguir cuáles son los legítimos desde el punto de vista liberal y cuáles no. De este modo, hay una tradición de rancio abolengo en el movimiento liberal, que es pacifista. Yo nunca la he compartido; yo no considero que haya que ser pacifista. Hay unos principios, compatibles con el ideario liberal, que justifican el uso de la violencia. Básicamente fueron establecidos por los escolásticos españoles del siglo de oro. Y son los siguientes: recurrir a ella en última instancia, cuando se han agotado todos los medios pacíficos para solventar el conflicto. Hacerlo siempre que sea de forma defensiva y proporcional y evitando el daño a las personas inocentes. Entonces, cumpliendo estos requisitos, siempre dentro de un Estado totalitario, o comunista, cabe una resistencia armada por parte de sus ciudadanos.

Imaginemos el caso de Vietnam, es bastante dudoso que la intervención estadounidense fuera legítima. Pues, aun cuando se pudiera considerar que era un caso de defensa, en muchos casos se violó la proporcionalidad y se hizo daño a víctimas inocentes. A ello hay que añadir que los soldados americanos estaban reclutados por medio de la conscripción, del servicio militar obligatorio. Y además estaba financiada con cargo a impuestos, por lo que acabó siendo pagada por personas que a lo mejor no estaban de acuerdo con esa intervención. Por lo que no sería una guerra legítima.

Pero podríamos utilizar otro caso histórico, que es el de la guerra de Corea. Este es mucho más claro por varios motivos, incluso estructurales, ya que no era una guerra de guerrillas en mitad de la selva sino que había frentes más claros. También por los resultados, ya que dio lugar a la separación de dos países. Corea del Sur es uno de los países más ricos y más liberales del mundo, al menos en economía; mientras que Corea del Norte, en cambio, es todo lo contrario. De todos modos, el peligro lo ha apuntado en la pregunta. Y es que esas medidas defensivas, en cuanto son generalizadas, por una vía o por otra siempre terminan incrementando el peso del Estado, por lo que hay que ser especialmente cuidadosos.

Ahora, mirando retrospectivamente, y siguiendo el caso histórico del Vietnam, el comunismo acabó diluyéndose como un azucarillo y lo mismo habría pasado si no hubiera habido conflicto bélico. De este modo, nos habríamos ahorrado todo el sufrimiento, la sangre y la destrucción que hubo. De forma retrospectiva es fácil hacer estas consideraciones, pero lo que necesitamos es una guía para nuestras acciones, y lo único con lo que contamos son los principios. El consecuencialismo es un error, porque no somos capaces de disponer de la información necesaria para saber qué va a pasar en cada caso.

P. Tras el fracaso histórico del socialismo, ¿Qué caminos ha tomado la izquierda?

R. Cuidado, porque lo que ha fracasado es el socialismo real, o el comunismo. Pero sigue habiendo amplísimas dosis de socialismo en el mundo. Por ejemplo, Estados Unidos es un país muy socialista. Hay una parte cercana al 40% del PIB gestionado por el Estado y la regulación es muy grande. Eso de que Estados Unidos es la quintaesencia del liberalismo es un mito. Es cierto que en términos de grado es un país más liberal, en general, que por ejemplo la Unión Europea. Es cierto que en los Estados Unidos está más extendido el principio de responsabilidad individual. Quizás esto provenga del recuerdo histórico de la conquista del Oeste; una frontera en la que uno tiene que cuidarse de sí mismo, a su familia, a su empresa, en un entorno de riesgo. Este mayor grado de libertad y responsabilidad que hay en los Estados Unidos respecto de Europa ha resultado significativo y ha permitido que la sociedad sea allí más próspera.

Además, y esto es curioso, los Estados Unidos son una sociedad moralmente más articulada. No hay más que viajar allí a cualquier ciudad de los suburbios un domingo y ver cómo todas las familias acuden a misa. Quizás estén cerca la iglesia católica, la protestante, la sinagoga y a la salida se ven y saludan todos. Esto es más difícil de ver en Europa no sólo porque hay menos competencia entre las iglesias, al menos hasta ahora, sino porque hay un prurito de secularismo anticlerical absurdo.

Los principios morales son muy importantes, porque son el piloto automático de la libertad; que permite que amplias capas de la población se comporten de una manera pautada, tal y como exige la disciplina del mercado. Si esos principios morales desaparecen es muy difícil de racionalizar el comportamiento que tiene que hacer ad hoc en cada caso y que sean más conformes con los objetivos de la cooperación social. Esto, irremediablemente, favorece que las personas tengan un comportamiento puramente consecuencialista; que actúen en función de lo que creen que más les conviene en cada caso, lo que abre la puerta al socialismo.

El socialismo consiste en pretender imponer un ideario desde arriba a toda la sociedad. Y ese esquema es el que se refleja a nivel individual cuando las personas pierden el piloto automático de la moral, cuando uno quiere conseguir sus objetivos de forma particular, sin someter su comportamiento a ninguna guía pautada. Entonces, veo un coche con las llaves puestas y me lo llevo porque me interesa en ese momento, por ejemplo. Eso es un atavismo que acaba con la sociedad. Y a nivel agregado, esa forma de actuar es en lo que consiste el socialismo.

P. Desde hace dos décadas y media se ha desarrollado el comercio internacional hasta lo que llamamos globalización, que ha encontrado fuerte resistencia en algunos sectores. ¿Cómo juzga estas críticas al proceso globalizador?

R. Antes le voy a responder a una parte de su anterior pregunta, porque está muy relacionado. Tras la caída del muro de Berlín los “progresistas” se han refugiado en una serie de banderas periféricas.

El pasado verano, participé en un seminario que organizó el diario Expansión sobre liberalismo, junto con Pedro Solbes o Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Después de exponer cuáles eran los principios del liberalismo, Fernández Ordóñez participó diciendo que el socialismo del señor Rodríguez Zapatero coincidía con mi liberalismo con las siguientes notas diferenciadoras: matrimonio de homosexuales, mayor sensibilidad medioambiental, otra idea sobre la organización territorial de España y en cuarto lugar “talante”. Esto es muy ilustrativo de cómo la izquierda se ha tenido que refugiar en una serie de asuntos periféricos. La izquierda ha tomado la naturaleza y la ecología como bandera o, como usted ha mencionado, la globalización.

La verdad es que la tan temida globalización no es algo de los últimos 25 años, sino que es tan vieja como la humanidad misma. Y en el ámbito de la economía la conocemos por lo menos desde la revolución industrial. La globalización es, simplemente, la asignación de los factores de producción allí donde son más urgentemente demandados. Sólo que no en el ámbito de una pequeña región o de un país, con unas fronteras artificiales, sino alrededor del mundo. Esto es lo que impulsa el desarrollo de la civilización. Ponerle frenos no solo es impulsar la pobreza en el mundo, sino además dificultar el avance de la civilización humana.

P. Antes ha comentado cómo se podría combatir a un poder central con grandes recursos, como contra el comunismo. Pero ahora nos enfrentamos principalmente al terrorismo, más disperso, menos predecible, con unas características diferentes. ¿Cómo pueden enfrentarse las sociedades libres a este problema?

R. Cuidado. El estatismo es más peligroso que el terrorismo, porque se basa en la coacción institucional masiva y sistemática. De hecho, entre los dos graves males que cita usted, históricamente ha sido mucho más sangriento el Estado que los terroristas. La razón es que actúa de una manera global, sistemática. Si llega al poder un Hitler fíjese con qué efectividad puede organizar un genocidio. O tenga en cuenta los 33 millones de vidas masacradas bajo el mandato de Stalin. Desde luego, el siglo XX es el siglo de la vergüenza, de la ignominia. Es el siglo del estatismo.

Ahora, al menos en la teoría, hay un cierto consenso en torno a que el socialismo no funciona, a que el mercado es el sistema más justo y eficiente de creación y asignación de recursos, y se mantiene el intento al menos de limitar el poder del Estado, aun que esto no lo ha logrado el sistema democrático de manera perfecta.

Y ha surgido una forma de coacción igualmente perversa y sanguinaria, que es la de los terroristas. Pero que es más asistemática y difícil de prever. La lucha contra el terrorismo tiene el problema de que los responsables del orden público son los Estados y que los Estados asignan muy mal los recursos y actúan muy mal. Tienden a actuar de forma desproporcionada, masiva, a lo grande, sin contar con esa información sutil y de primera mano que es la que mueve el mercado.

En este sentido es mucho más eficiente la definición y defensa de los derechos de propiedad y de la vida contra actos terroristas o simplemente criminales, a través de un entramado de empresas privadas de seguridad y de defensa. Esto puede parecer ciencia-ficción, pero en realidad no lo es. Los ministerios en España los defienden compañías privadas. Incluso hay compañías privadas que no sólo aseguran el riesgo de secuestro, sino que gestionan el salvamiento del secuestrado.

P. Pasemos a España. Se acaba de cumplir un año del gobierno socialista. Como economista, ¿Cómo juzga la política económica del nuevo gobierno en este año?

R. Resulta que, como le he dicho antes, el gobierno se ha limitado a encrespar los ánimos en cuestiones periféricas, como el matrimonio de homosexuales, estructuración patrimonial del Estado, los papeles del archivo de Salamanca... Pero lo cierto es que en economía no ha hecho nada. Y es positivo, porque si hubiera hecho algo habría sido ciertamente contraproducente. El Partido Popular hizo las cosas bastante bien, luego es una fortuna que no hayan hecho nada.

A excepción de la legalización de los inmigrantes arraigados, que yo considero como correcta, lo anunciado y hecho solo a medias es muy poco y siempre en el mal sentido. Por ejemplo, la restricción de los horarios comerciales, subir el salario mínimo, pretender solucionar el problema de la vivienda con más agencias y más intervencionismo. Todo errores. Y no han hecho lo que habían prometido que era bueno, que es establecer un tipo marginal único sobre la renta, el single tax que siempre hemos defendido los liberales, y que se ha quedado en agua de borrajas.

P. Es usted autor de un estudio sobre la privatización de las pensiones en España. George W. Bush ha anunciado un plan de privatización parcial del sistema público de pensiones de los Estados Unidos. Usted, ¿cómo juzga el plan del Presidente estadounidense? ¿Se podría trasladar a España?

R. La verdad es que lo bueno que tiene el plan anunciado por Bush es que a nivel popular orienta el debate en la buena dirección; pero soy escéptico sobre que sea la solución ideal, dentro de lo posible. Lo que propuse en su día es lo que se conoce como contracting out, o desenganche del sistema público de Seguridad Social para aquellos que quisiesen pasarse a un sistema privado de pensiones o seguros de vida o de jubilación y de enfermedad. Algo parecido a lo que actualmente, por muy paradójico que parezca, pueden hacer los dos millones de funcionarios en España en el ámbito sanitario. Pueden elegir cada año bien mantenerse en el sistema de la seguridad social, bien pasarse a los servicios de las compañías privadas que operan en el país. Entonces quiero dar esa opción al resto de los ciudadanos, y no sólo en el ámbito sanitario sino también en el ámbito de las pensiones.

El sistema de contracting out se estableció por primera vez en el Reino Unido, con un enorme éxito. La enorme mayoría de los trabajadores eligió abandonar el sistema público de pensiones. Luego fue llevado a Hispanoamérica, primero por Chile cuando gobernaba Pinochet. Recuerdo que tras haber abandonado el poder Pinochet, le han seguido varios gobiernos democráticos que lo han mantenido, con tanto éxito que se ha llevado a otros países de Hispanoamérica.

Y ahora viene el caso de los Estados Unidos. Creo que debería llevarse a cabo por el método del desenganche y no por el que ha propuesto Bush, que es de permitir que se mantengan dentro del sistema público unos fondos en unas cuentas en las que se vayan acumulando los ahorros. Es hasta algo peligroso, porque si, en última instancia, permanecen en el sistema público, no queda claro si te has salido o no. Y además esos fondos quedan al albur de que los políticos quieran expropiarlos, por ejemplo.

Luego mi juicio es ambivalente. Bien en cuanto que se ha diagnosticado el problema y se ofrece una solución; mal en cuanto que la solución es tímida, especialmente si tenemos en cuenta que hay otras alternativas ya probadas con éxito en otros países y que podrían llevarse a cabo sin mayor problema y además de forma más sencilla.


Jesús Huerta de Soto ha dedicado una parte de su obra a estudiar los efectos de las instituciones económicas sobre el medio ambiente. El economista considera que los derechos de propiedad son el mejor camino para conservar la naturaleza.

P. Antes ha citado usted la globalización y el medio ambiente como críticas periféricas al capitalismo. En el caso del medio ambiente, ¿está reñido con el crecimiento? ¿Lo está con el capitalismo?

R. No, de ninguna manera. Al revés, la única forma de mantener el medio ambiente es a través de la economía de mercado y del sistema capitalista. Vaya a países capitalistas desarrollados y verá que está el aire más limpio, los jardines más cuidados, el medio ambiente más protegido. Vaya a países socialistas y encontrará las mayores tragedias medioambientales de la humanidad.

Pese a que el término capitalista connote todo tipo de mensajes peyorativos, ya que la izquierda se ha encargado de llamar capitalismo a todo lo que es negativo, el capitalista es el sistema de libre empresa basado en los principios generales del derecho y en el respeto a la propiedad privada. Entonces, la mejor manera de defender el medio ambiente es la buena definición y la defensa de los derechos de propiedad sobre los bienes medioambientales. Es decir, privatizar los recursos que ahora son de titularidad pública.

Hay un viejo dicho español que dice “lo que es del común es del ningún” y ello refleja muy bien lo que se ha llamado “la tragedia de los bienes comunales”. Y se refiere a los montes públicos, los ríos públicos, etc, en los que se acumulan los residuos o se sobreexplotan. La razón es que quien se aprovecha de ese bien asume íntegramente la satisfacción, y en cambio no asume todos los costes de su acción; si una explotación excesiva hace que en el futuro haya menos recursos, el coste se reparte entre el conjunto de los futuros usuarios. Entonces se produce un efecto de “usuario gratuito” y se sobreexplota el bien. Cuando hay propiedad privada, en cambio, no existe esa sobreexplotación, porque el propietario descuenta los servicios futuros del recurso. Y prevé que si lo sobreexplota va a salir perdiendo el día de mañana. Por eso es el primer interesado en cuidarlo. Por ese motivo, los cotos privados sí que tienen caza, mientras que los montes públicos, no.

Ahora, por ejemplo, se pueden privatizar las ballenas, asignándoles un dardo que manda una señal por GPS que las localiza y permite apropiárselas y explotarlas sin que se extingan, del mismo modo que no se ha extinguido el toro de lidia. Esta especie habría desaparecido si no existiera la fiesta nacional, que ha hecho que los ganaderos privados tengan interés en criarlos, para luego venderlos.

Luego la solución para el medio ambiente es esta, la extensión de la propiedad privada a todos los recursos de titularidad pública, incluyendo los elefantes, los rinocerontes, la caza, los bancos de pesca, las ballenas, las plataformas continentales, el mar, y el aire.

P. ¿Cómo valora la figura de Juan Pablo II, en el momento de su muerte?

R. Hombre, esa es una pregunta sumamente interesante. Cuando comenzó su papado, mi impresión, por lo que decía durante sus primeros años, es que provenía de un país socialista y tenía una idea ciertamente confusa de cómo funcionan las economías de mercado. Él insistía en mantener una especie de vía intermedia entre socialismo y capitalismo. Esto fue cambiando gradualmente, no sé si por sus propias experiencias o por el asesoramiento que recibía, o de ambas cosas. Ese cambio se culmina con el censtesimus annus, encíclica en la que el Papa dice que el único sistema compatible con la naturaleza del hombre es la economía de mercado; el sistema de libre empresa, siempre y cuando esté sometida a los principios generales del derecho.

Y viene a decir que lo que no le gusta es que a eso se le llame capitalismo. Parece que se empeña en construir un hombre de paja al que llama capitalismo y achaca todos los males, que sería el capitalismo salvaje, en el que los hombres perseguirían en exclusiva fines capitalistas. Pero claro, es obvio para cualquiera que profundice un poco en este asunto, que lo que se critica, entonces, son comportamientos inmorales. Este es un problema distinto del mantenimiento de un esquema de cooperación social, que es lo que está en juego cuando comparamos el socialismo con el capitalismo. En este sentido, el capitalismo es el único sistema compatible con el derecho natural.

Es más, en la medida en que puede hacerlo un sistema económico, tiende a moralizar a las personas, ya que se basa en el cumplimiento de los contratos. Si tu incumples un contrato, tienes un estigma en la sociedad. Por lo tanto, por tu propio interés tienes que adoptar un comportamiento pautado. Es obvio que ello no garantiza que, por ejemplo, haya empresas de prostitución que salgan a la bolsa, como hemos visto recientemente en Australia, o que haya países, como ocurre en las incipientes economías de mercado de los países antiguamente comunistas del este de Europa, en los que prime un interés fundamentalmente materialista de búsqueda de satisfacciones materiales antes que espirituales. Pero esto no es argumento suficiente para condenar la economía de mercado, sino en todo caso esos comportamientos materialistas. Es más, estos comportamientos se dan también, incluso más acentuados, en las economías socialistas. Yo creo que este matiz quedó suficientemente aclarado en centesimus annus, en el que el Papa se declara claramente favorable al capitalismo y en contra del socialismo.

No obstante, este ha sido un Papa muy popular y ello le ha llevado, junto con la defensa de los valores morales, a hacer guiños, en cada país, sobre lo que en el momento estaba más al orden del día o era más importante en ese momento. Y eso le ha llevado a hacer demasiadas concesiones a lo políticamente correcto y a insistir, de nuevo, en una vía intermedia entre el capitalismo y el socialismo, no aclarando o puntualizando suficientemente estos aspectos.

Pero su misión no es la de ser un exponente del ideario liberal. Su tarea es distinta, la de mantener el dogma de la fe católica, animar a los cristianos, mantenerles unidos en la fe, y en este sentido podemos decir que ha hecho bastante, porque si leemos centesimus annus encontramos principios clarísimos, como que el precio justo es el precio de mercado, fruto de la libre interacción entre las partes. O lo que he comentado antes, estableciendo que el único sistema compatible con la moral es la economía de libre empresa, etc.

P. Profesor Huerta de Soto. Usted es autor de numerosos artículos y de varios libros. Por ejemplo, ha escrito un libro sobre el socialismo, otro sobre el dinero y los ciclos económicos, sistema de pensiones, historia del pensamiento... Tiene una extensa obra pese a ser un autor joven. ¿En qué proyecto está ahora embarcado?

R. En este momento estoy en un proceso muy ambicioso, que es la escritura, la elaboración de un tratado de economía que voy a titular “Economía política moderna”, en dos volúmenes; uno de teoría y el otro de historia, aunque los títulos pueden inducir un poco a error.

La de teoría es la parte abstracta. Su principal novedad es que va a ser el primer tratado de economía enfocado todo el desde la concepción dinámica del mercado, con una nueva teoría de los precios que no va a seguir la teoría marshalliana. Será una teoría de los precios en el mercado de tipo causal y con un análisis puro dedicado al análisis de los procesos espontáneos del mercado, de modo que va a estudiar el modelo capitalista como modelo de referencia. Luego, por comparación, estudiará los modelos más próximos a la experiencia histórica actual: las economías mixtas y el socialismo. Y al final tendrá una parte de política económica, de cómo llegar hacia el modelo puro de orden espontáneo no intervenido. También contará con un apéndice sobre ética.

Este primer volumen no tendrá notas a pie de página, porque todas se pasarán al volumen dos, junto con unos ensayos de historia del pensamiento económico, que explicarán en qué momento de la historia surgió el conocimiento de los órdenes espontáneos, que yo sitúo en los tratadistas clásicos del derecho romano, como Gayo, Ulpiano, Emilio Papiniano, etcétera.

Luego estudio cómo estos principios se van elaborando y me detengo, por ejemplo, en el papel de la Escuela de Salamanca. También en este segundo volumen, además de los ensayos de bibliografía, habrá otros dedicados a economistas importantes, significados, y otros sobre hechos económicos de especial relevancia. También contará con una introducción de tipo metodológico. De este modo, aunque los dos volúmenes se vendan juntos, el primero se puede utilizar de modo independiente, mientras que el volumen dos tiene una parte más contingente, como la bibliografía, que se va quedando obsoleta con el tiempo. Ésta quedaría fuera del primer volumen.

Lo que quiero hacer es La Acción Humana, el tratado de Ludwig von Mises, actualizada al siglo XXI, y más conectada con lo que es el desarrollo económico actual, que está en una época de crisis y de cambio y que pueda utilizarse como libro de texto para los alumnos. Es un proyecto ciertamente ambicioso, del cual no estoy seguro de poder publicar con éxito.

P. Si una persona le oye a usted hablar de liberalismo y quiere saber qué es eso, ¿dónde le recomendaría que se dirigiera?

R. Sin entrar en matizaciones sutiles de la doctrina de liberalismo más avanzada, yo he escrito un artículo en el que he sintetizado en qué consiste, y que se titula precisamente así, liberalismo, y que escribí a petición de la Fundación Hispano-Cubana. Se publicó en la revista de la fundación, en un número editado con motivo de la cumbre hispano latinoamericana que tuvo lugar en Cuba, y a la que asistió el Rey. Además, con motivo de la cumbre se permitió que varios ejemplares de la revista se distribuyeran por bandeja diplomática y se introdujeran varios miles de ejemplares de la revista en la isla.

Y es curioso, porque me han escrito varios presos políticos desde las cárceles, dándome las gracias por el alimento espiritual que les supuso el artículo, en el que incluso exponía la teoría del tiranicidio de Juan de Mariana. Conservo una carta adorable, escrita a máquina, con una de esas máquinas de escribir antigua, en las que hay letras que faltan, otras que están subidas o bajadas sobre la línea, con los goterones de la celda.

Allí explico sintéticamente qué se debe entender por liberalismo. Es un movimiento no sólo de acción política sino de pensamiento filosófico, que propugna impulsar la libre acción humana en todos los ámbitos y minimizar al máximo el poder coactivo del Estado. Luego explico una serie de principios liberales, como son la economía de mercado, la propiedad privada, la libertad de comercio y el librecambio, la libre circulación de personas sometida al acuerdo voluntario y no a la ocupación coactiva de tierras de propiedad ajena.

En el ámbito político, mientras no desaparezca el Estado, que los presupuestos estén equilibrados, que haya un bajo nivel de impuestos, que se controle el gasto público, que haya separación de poderes. También explico otro principio esencial del liberalismo, como es la autodeterminación de los pueblos, pero no sólo en lo que se refiere a las naciones, sino también a las regiones. El otro día el Valle de Arán se manifestó a favor de independizarse de Cataluña. Pero dentro del Valle de Arán las ciudades, y dentro de las ciudades los barrios, dentro de los barrios las familias, y dentro de éstas, las personas.

Luego hago un estudio sintético de cómo surge. Las primeras concepciones del liberalismo están en el la Grecia de la época de Pericles, en el siglo V antes de Cristo; una tradición que pese a las dificultades se conserva, por ejemplo en el ius gentium del derecho romano. Luego crece el estatismo, que resulta la causa de la caída del Imperio Romano. Más tarde se produce el paréntesis de mil años de la Edad Media, donde empieza de nuevo a resurgir la idea liberal, por ejemplo en las ciudades comerciales del norte de Italia. Más tarde llega la baja edad media y el renacimiento, cuando surgen los Estados absolutos, que después dan paso a las revoluciones liberales. Hay un momento histórico en el que, en una esquinita del mundo, donde el liberalismo triunfó, dando lugar a la revolución industrial. Y hoy estamos en una tesitura importante, porque el pasado siglo ha estado marcado por el absolutismo de la razón, que ha llevado al triunfo de ideales utópicos socialistas, que han dado lugar a los hechos más sangrientos que ha conocido la humanidad. Y corresponde al siglo XXI retomar la senda de desmontar el Estado.

 

 

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